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martes, 3 de septiembre de 2013

EL ESCULTOR JUAN GURAYA URRUTIA (1896-1965). Vida y obra del "maestro de la Sagrada Cena"


El escultor Juan Guraya Urrutia, aunque perteneciente a la escuela vasca, ocupa un lugar fundamental dentro de la imaginería vallisoletana del siglo XX al tallar, para mi gusto, el paso más importante y de mayor calidad después de todos los elaborados por la escuela vallisoletana durante los siglos XVII y XVIII.
Juan Guraya Urrutia ocupa un merecido lugar entre los maestros de la imaginería vasca, siendo su “gubia litúrgica”, como la denominó Mario Ángel Marrodán, de gran perfección. Cultivó fundamentalmente la escultura religiosa, aunque también tocó las obras de carácter civil y cultural entre las que cabe citar varias esculturas del Capitolio de la Habana o el monumento a los marinos mercantes de la misma capital cubana, el monumento a la Reina María Cristina en San Sebastián. De su legado quedan obras en Getxo (como las tallas de la parroquia de San José de Romo o las de la iglesia  de Las Mercedes), Elorrio, Deusto, Bilbao, La Habana, Texas, y por supuesto Valladolid.

Juan Guraya Urrutia
Juan Guraya Urrutia, que nació en Bilbao en 1896, inicia su formación artística a los once años, cuando circunstancias familiares obligaron a que dejara el Colegio en donde recibía enseñanza básica para ponerse a trabajar con su padre, un reconocido ebanista de cuyas manos salieron los espléndidos muebles que llenaron los salones de los palacios y chalets de Getxo y Bilbao a comienzos del siglo XX.
Fue precisamente en uno de estos palacetes, el perteneciente a la familia Lezama-Leguizamón, situada en la cornisa de Arriluce, entre Algorta y Las Arenas, donde las habilidades del joven Juan Guraya fueron percibidas por primera vez por alguien que, por fortuna para él, tenía los medios económicos y la intuición suficientes para considerar que las virtudes potenciales del aprendiz de ebanista Guraya debían ser desarrolladas y estimuladas.

Buen Pastor (La Peña-Bilbao. Iglesia del Buen Pastor)
Busto a mi nueva hija (Las Arenas)
Busto de Elosegui (Tolosa)
Busto de Insausti (Tolosa)
Esta persona fue la Sra. de Lezama-Leguizamón, la cual hizo reanudar los estudios al muchacho, tras pasar cuatro años como ayudante de su padre. En el Colegio de los Padres Salesianos de Barakaldo, en donde ingresó, empezó a manifestar su interés por la escultura y a evidenciar unas cualidades apreciables para su práctica. Hasta el punto estaba clara esta vocación que los propios Salesianos sugirieron que Juan Guraya fuera trasladado a su Colegio de Sarriá, en Barcelona, para dedicarse allí exclusivamente al arte. Ni él, ni su padre, ni su mecenas encontraron desacertada la propuesta, de modo que hacia los diecisiete años ya estaba en Barcelona especializándose.
Su aprendizaje catalán no duró más de tres o cuatro años, ya que tras ese tiempo regresó a Bilbao. Pudo deberse a su carácter independiente, deseoso de no sujetarse a demasiadas normas rígidas y a aprendizajes rutinarios, ya fuera por insatisfacción personal o por la distancia que le separaba del País Vasco, el hecho fue que puso fin a esa experiencia, con lo que perdió el amparo y la pensión de los que hasta entonces habían sido sus protectores.

Busto de San Francisco (Bilbao. Padres Franciscanos)
Busto de su hermana (Bilbao)
Cabeza de Cristo (Bilbao)
Cristo abrazando a San Bernardo (Bilbao. Padres Franciscanos)
No resulta apreciable en la escultura de Guraya una influencia catalana adquirida en estos momentos en que Barcelona era sede de una intensa actividad escultórica representada por Eusebi Arnau, Enric Clarasó, Josep Clará, Josep Llimona, Carles Maní y otros muchos. Referencias familiares, sin embargo, dan cuenta de una relación con Miquel Blay. Podría decirse que Guraya pudo adoptar de este grupo de artistas modernistas y simbolistas el gusto por dotar a la escultura de la capacidad transmisora de variados conceptos espirituales o religiosos.
De nuevo en Bilbao, con cerca de veinte años, se aproximó al entorno de la Escuela de Artes y Oficios de Achuri, en la cual vivían todo su apogeo una generación de escultores, como Quintín de la Torre, Moisés Huerta, con quien Guraya colaboró en Cuba erigiendo monumentos públicos, Higinio Basterra, a quien ayudó a partir de 1913 en el Monumento a los Niños del Ensanche, para el cementerio de Derio, así como en uno de los más populares Gargantúas de Bilbao y también en las cuadrigas del Banco de Bilbao en Madrid, Federico Sáenz… Trabajó, asimismo, durante 1918-1919 con León Barrenechea en la realización del Monumento a la Reina María Cristina, en San Sebastián.
Antes de asentar su carrera se esforzó por informarse en aquellos lugares en donde creía poder encontrar las claves que le ayudaron a centrarse para realizar “su escultura”. De esta manera, realizado el servicio militar, se trasladó a Madrid y colaboró con escultores como Mateo Inurria y Collaut Valera, quien en colaboración con el arquitecto Muguruza ganó en 1923 el concurso para el Monumento al Sagrado Corazón de Bilbao. No debió de sentirse muy satisfecho con lo que Madrid le proporcionaba y regresó a Bilbao, si bien fue únicamente para volver a salir, esta vez en dirección a París.

Cristo Crucifiacdo (Santurce. Colegio de San Francisco Javier)
Cristo Crucificado (Bilbao. Padres Franciscanos)
Cristo Crucificado (Etxebarri. Iglesia de San Esteban)
Cristo Crucificado (Romo-Getxo. Iglesia de San José Obrero)
Si París, tras Barcelona y Madrid, era en verdad la meta acertada por ser el centro artístico que más actividad renovadora y creativa desarrollaba en la Europa de aquel momento, sin embargo, ello no quiere decir que Guraya entrara de lleno en esos ambientes experimentadores. Bien al contrario, se mantuvo en un clima de relaciones bastante similar al que podía haberse creado en cualquier ciudad de provincias.
El paso por la capital francesa pone de manifiesto un hecho que merece la pena destacar: un artista puede encontrarse en el centro de la vorágine creativa y renovadora más potente y mirar tranquilamente en dirección contraría sin percatarse de qué está sucediendo a su alrededor, o bien de percatarse pero no llegar a sentir interés por ello.
El contacto más importante, por su posterior repercusión, fue el realizado con el escultor ruso-francés Droucker. Casi con seguridad él fue el responsable del viaje que Guraya realizó a Cuba en 1924. En la isla realizó varios monumentos públicos (al Maine, al General Máximo Gómez –ambos en colaboración con Moisés Huerta–, a la Marina Mercante…) y, sobre todo, colaboró en la decoración escultórica del Capitolio, llevada a cabo junto con Droucker y el también escultor Angelo Zanelli. Además, trabajó para diversos particulares, así como para órdenes religiosas como las Clarisas y los Franciscanos que ya le empezaban a demandar una iconografía religiosa que después se haría habitual en él. Con todo, el mundo de imágenes religiosas no le era ajeno, puesto que su primera obra conocida, aunque desaparecida, es un busto de Baltasar.

San Francisco Javier yacente (Elorrio. Panteón de la Familia González Lund)
Detalle de San Francisco Javier yacente
San José y el Niño (Santurce)
De la isla pasó al continente; México y Estados Unidos conocieron de su trabajo, y como prolongación de los encargos religiosos, realizó una Nuestra Señora de Fátima para la iglesia de los Padres Oblatos de San Juan, en Texas.
Al regresar a Bilbao recibió encargos para ejecutar él solo y otros paralelos para colaborar ocasionalmente con los Basterra, Huerta, Torre y otros, además de mantener relaciones con Victorio Macho, Julio Beobide, Enrirque Barros, Juan de Avalos, Garrós, Larrea… Como se puede observar, su círculo de amistades y relaciones explican parte del por qué de su escultura.
Su colaboración fue demandada por diversos arquitectos para detalles de ornamentación escultórica de los edificios que proyectaban, siendo concretamente edificios de carácter público en su mayoría. Así, Antonio Araulce le encargó el escudo de la fachada del Ayuntamiento de Getxo; Emiliano Amann le solicitó seis piezas para el Colegio de los Salesianos de Deusto, distribuidas por fachada, patios y capilla; colaboró también con Amann en el Hospital de San Juan de Dios, de Santurce, en la parroquia del Buen Pastor, en La Peña-Bilbao, en las Trinitarias de Deusto, en la parroquia de San Bartolomé y otras más; por encargo de Manuel María Smith trabajó para la parroquia de Echévarri, y para la de San Luis Beltrán, en Torre-Urizar, Bilbao; Ricardo Bastida le encomendó en 1916 el frontón con cuarenta y dos figuras de las Escuelas de Félix Serrano, en Indauchu-La Casilla, Bilbao.

Piedad Izaguirre de Urquijo (Deusto-Bilbao)
San Luis Beltrán (Bilbao. Iglesia de San Luis Beltrán)
Santísima Trinidad (Lejona. Iglesia de San Bartolomé)
Tuvo estudios y talleres en diversos emplazamientos: en Zabálburu, en la marmolería Ribechini, en el muelle de La Naja, en Zugastieta, en Neguri, naturalmente en La Habana, y por último, en el barro de Romo, en Getxo. Un singular taller montó transitoriamente en la segunda planta de la Escuela de Artes y Oficios al objeto de realizar su obra más importante: La Sagrada Cena.
Trabajó con alabastro, marfil y mármoles de Carrara, Bélgica y Almería. Las variadas maderas que utilizó procedían siempre de lugares concretos: el pino, de Soria y del norte de Europa; la caoba, de Cuba; el limoncillo, del Brasil; el ébano y el palosanto, de América Central; el tejo y el enebro, de las montañas de León; el boj, de Navarra; y el nogal, de Asturias y de León. Acostumbraba a abocetar y a modelar todas sus obras en barro.
Guraya gustaba de trabajar, siempre que podía, con modelos del natural. De ahí esa cierta sensación de fisionomía reconocible que se tiene ante sus figuras, de realismo extraído directamente del entorno inmediato, de caras escultóricas que uno sospecha ver cotidianamente en algún lugar de la calle. Bien es cierto que ese realismo está teñido, principalmente en las figuras religiosas más dramáticas –Cristos en la cruz, algún San Francisco…– de una soterrada tensión expresionista, lograda a base de afilar y enfatizar los rasgos corporales o faciales.

Sin embargo, los retratos de niños y familiares carecen de esta carga tensa y dura; por el contrario, muestran caras delicadas y facciones suaves ejecutadas en la mejor y más clásica tradición retratística del Durrio joven trabajando para la familia Echevarrieta.
Esta importancia concedida por Guraya al modelo le hizo viajar a Tetuán en busca de hombres norteafricanos, de origen judío, que pudieran servirle para la gran composición de La Sagrada Cena. El escultor valoraba la precisión y la exactitud de la imagen portadora de una idea. Si él era capaz de reproducir con nitidez la realidad –por puro dominio técnico–, la realidad tenía que aproximarse lo más posible a la idea. No le bastaba con que el modelo se pareciera a lo que quería reproducir, tenía que ser exactamente el mismo que había imaginado, y sí para encontrarlo era preciso viajar al Norte de África, viajaba allí.


BIBLIOGRAFÍA 
  • VV.AA.: Homenaje a Juan Guraya, escultor, Parroquia de San José Obrero, Getxo, 1990.


miércoles, 28 de marzo de 2012

SEMANA SANTA EN VALLADOLID: El paso de la "Sagrada Cena"


El paso de “La Sagrada Cena” representa a Jesús presidiendo la mesa, en pie, llevando en su mano derecha el Pan y en su izquierda el Fruto de la Vid, símbolos de su cuerpo y sangre. Alrededor de la mesa se encuentran los doce apóstoles en distintas actitudes, entre las que destaca la de Judas, situado en la parte frontal e inclinado hasta tal punto que su rostro, totalmente oculto, se apoya hasta tocar casi el suelo.
Este paso era el primero, en madera y de grandes dimensiones, que se realizaba sobre este tema en la ciudad. Hubo en Valladolid a principios del siglo XVII, según nos cuenta el viajero portugués Bartolomé Pinheiro da Veiga en su libro La Fastiginia, otro paso que representaba este tema. Pinheiro habla de que en el año 1605 existía un paso de la Cena, seguramente realizado en lienzo y cartón encolados, con cabezas, rostros y manos de escultura, que se deterioraban con gran facilidad y que cada año necesitaban recomponerse. Debido a estas características es fácil suponer que esta primitiva Cena desapareciera, como sucedió con casi todos los elaborados de papelón. A pesar de esto debió gustar mucho a Pinheiro el paso, puesto que comentaba que no vio “figuras ni imágenes más perfectas ni en nuestros altares más renombrados de Portugal”, relatando la procesión que salía del Monasterio de San Francisco, a renglón seguido cita los pasos y dice: “el primer paso era La Cena, perfectísimo en todo”.

Volviendo al paso actual, vamos a contar la historia de cómo se desarrolló su construcción: La Cofradía de la Sagrada Cena fue constituida el 26 de mayo de 1940, día en que se celebró la primera Junta. La cofradía tuvo un gran éxito, pues a los dos años de su fundación ya contaba con casi cuatrocientos cofrades, los cuales, en un principio, al no poseer paso propio, acompañaron el de Camino del Calvario, hecho que se repitió hasta 1958, año en que ya alumbraría el suyo propio.


En el mismo año de su fundación la cofradía comenzaron las gestiones para la construcción de su paso titular. En 1942 se decidió convocar un concurso para la realización del Paso. El jurado para designar este nuevo proyecto y escultor ganador estuvo compuesto por el Excmo. Sr. D. Cayetano Mergelina (Rector de la Universidad y Presidente de la Comisión de Monumentos de la Provincia), el Ilmo. Sr. D. Francisco de Cossío (Director del Museo Nacional de Escultura), el Excmo. Sr. D. Narciso Alonso Cortés (Director de la Escuela de Bellas Artes) y D. Juan Agapito y Revilla (arquitecto y vocal de la Comisión de Monumentos de la Provincia). Las deliberaciones se desarrollaron en la Capilla de los Artes de la Catedral de Valladolid, hasta que el día 30 de noviembre de ese mismo año decidieron que sería Juan Guraya Urrutia el encargado de realizar el paso. Junto a Guraya. También presentaron proyectos el vallisoletano José Luis Medina Castro (cuyo proyecto tenía reminiscencias berruguetescas), Moisés Huerta, el valenciano Casterá, o el madrileño Marco Pérez. Juan Guraya se comprometía en el contrato a realizar las figuras a tamaño natural en madera de pino de Soria.

Boceto en barro de la Sagrada Cena realizado por Juan Guraya. Foto obtenida del artículo del B.S.A.A.
Boceto del denominado actualmente "Jesús de la Esperanza" realizado por Juan Guraya en 1945
Las ideas iniciales de Juan Guraya resultaban impracticables para su tránsito procesional por las calles de Valladolid, pues concebía a los apóstoles en una posición prácticamente frontal frente al espectador que les contemplaba, muy parecido a la disposición utilizada por Leonardo da Vinci para su “Última Cena”. Una segunda hipótesis fue una colocación trapezoidal en forma de “V”, en cuyo vértice se encontraba Cristo durante la institución de la Eucaristía. Esta composición también era viable para efectuar su entrada en la iglesia parroquial o conventual que lo cobijase. Para posibilitar esta entrada se argumentó una disposición, que reducía la anchura del paso. Finalmente triunfó la convencionalidad, con el fin de hacer también más viable su transporte y discurrir urbano. La Sagrada Cena de Guraya dispuso a los apóstoles alrededor de una mesa rectangular, presidida naturalmente por el mismo Cristo, realizada después de que Guraya se fijase en su propio hijo. Los apóstoles carecían de homogeneidad. Más bien existía en ellos un gran dinamismo en sus actitudes, representando el pasmo y el asombro que sintieron cada uno de ellos ante las palabras de Jesús. Con recuerdos del “art-decó” de sus maestros o incluso en la contusión de las anatomías para los “Burgueses de Calais”, obra de August Rodin.
Juan Guraya Urrutia

El 11 de febrero de 1946 llega la talla de Jesús (el hoy denominado de la Esperanza). Los comentarios fueron unánimes, destacando la magnífica calidad de la talla. A partir de esta entrega, a la cofradía le esperaban doce años para ver completado el paso, debido, fundamentalmente, a las dificultades económicas de la cofradía y al retraso constante en el envío de las tallas por parte del escultor. En este aspecto, al igual que en la impulsión para la realización del paso, toma especial importancia la figura del sacerdote D. Andrés Gamboa, alma mater y quien mantuvo constantes contactos escritos con el escultor. Así año tras año fueron llegando las figuras a la ciudad y exponiéndose en la Catedral y en comercios que se prestaban a ello.

En 1949, llegaron las figuras de San Andrés y San Bartolomé. En 1951 San Simón y San Judas Tadeo. San Felipe lo hizo en 1952, y en 1956 San Pedro, San Juan y Santiago el Mayor, acompañadas todas ellas de la nueva figura de Jesús, dado que la primera se había quedado, a juicio del escultor, demasiado pequeña para el colosal grupo. El precio de este segundo Jesús era de 51.000 pesetas, que estaba muy lejos de las 18.000 que costó el primero. Unos años más tarde llegaron los apóstoles Santiago el Menor y Judas Iscariote, y finalmente el 13 de marzo de 1958 se completaba el paso con la talla de Santo Tomás. El día 30 de marzo de ese mismo año, Domingo de Ramos, se procedió a la bendición por el arzobispo de Valladolid D. José García Goldáraz, y cuatro días después salió en procesión por primera vez.

Fotografía obtenida de la web del Archivo Municipal
Las figuras del paso fueron policromadas por Isidro Cucó, el cual cobró 25.000 pesetas por cada apóstol y 40.000 por cada una de las dos tallas de Cristo. Guraya se destacaba por la utilización de modelos naturales, así, para los apóstoles de la Sagrada Cena, los rostros procedían de gentes que no solamente el escultor buscó en su entorno más cercano, sino también Cáceres, Marruecos y Tetuán, de origen bereber, árabe y judío. La carroza que debía de llevar al paso fue realizada por los talleres Goval y tenía como novedad en ese momento, el estar compuesta por una plataforma que se elevaba por medio de cuatro gatos, facilitándose de este modo el montaje y su posterior visión en la calle, de similar modo se procedía a en sentido horizontal al ampliar la superficie, una vez estuviera en la calle.
A partir de 1958, cuando el paso quedó ya  totalmente terminado, el éxodo del paso fue continuo y diversos los lugares que tuvo que recorrer hasta encontrar aposento definitivo, pues no había lugar apropiado donde poder ser guardado por su gran volumen. Un año incluso llegó a depositarse en el Parque del Servicio Municipal de Limpieza, junto al popular “Tragaldabas”, y de allí fue a dar a San Pablo.
El paso, en la actualidad, procesiona la tarde del Jueves Santo en la procesión de la Sagrada Cena, junto al Jesús de la Esperanza; y en la procesión general del Viernes Santo, junto a otros 32 pasos que relatan todo el ciclo de la Pasión de Cristo. Durante todo el año el paso se guarda en la iglesia de San Pedro. El 20 de marzo del año 2015 presidió en el altar mayor de la Catedral vallisoletana el pregón de Semana Santa en una disposición que me atrevo a calificar de espectacular, como veréis más abajo.

Montaje de la "Sagrada Cena" para presidir el pregón de Semana Santa del año 2015


JESÚS DE LA SAGRADA CENA
Fotografía obtenida de: www.sagradacena.com





JOHANNES / SAN JUAN


PHILIPPUS / SAN FELIPE
Fotografía obtenida de: www.sagradacena.com

MATTHAEUS /SAN MATEO
Fotografía obtenida de: www.sagradacena.com

JACOBUS / SANTIAGO EL MENOR
Fotografía obtenida de: www.sagradacena.com

THOMAS / SANTO TOMÁS
Fotografía obtenida de: www.sagradacena.com

JUDAS


PETRUS / SAN PEDRO


ANDREAS / SAN ANDRÉS


BARTHOLOMAEUS / SAN BARTOLOMÉ


SIMON / SAN SIMÓN
Fotografía obtenida de: www.sagradacena.com






















 JUDAEUS / SAN JUDAS TADEO
Fotografía obtenida de: www.sagradacena.com

 JACOBUS / SANTIAGO EL MAYOR
Fotografía obtenida de: www.sagradacena.com


 JESÚS DE LA ESPERANZA


Aunque podeis repasar la vida y obra de Juan Guraya de una manera más pormenorizada en el siguiente enlace, a continuación un presento una pequeña reseña sobre su vida y obra: Juan Guraya Urrutia nació en Bilbao en 1893 y falleció en Las Arenas (Bilbao) el 19 de diciembre de 1965. Sus primeros pasos en el mundo del arte los dio cuando solamente tenía quince años y fue internado en el Colegio de los PP. Salesianos de Barakaldo, protegidos por la Marquesa de Lezama Leguizamón. Aquí comenzó a desarrollar su vocación artística. Al cabo de tres o cuatro años, por su carácter independiente, abandonó el Colegio, perdiendo la pensión, y se trasladó a Bilbao. Allí trabajó con todos los escultores de la época: Quintín Torres, Moisés Huertas e Higinio Basterra, a la vez que asistía a las clases de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos, destacando como alumno aventajado.
Más tarde trabajó en Madrid con Coullaut Valera, Blay y Mateo Inurria. Volvió a Bilbao, y a pesar de que las ayudas oficiales para promocionar a nuevos artistas se habían suspendido. Guraya, por sus propios méritos marchó a París. Años después regresó a su Bilbao natal y montó taller en cuantos rincones le dejaron trabajar. Zabálburu, La Naja, Zugastieta, Neguri y finalmente en Las Arenas, si bien se montaba uno accidental en la Escuela de Artes y Oficios de Bilbao, cuando el volumen de la obra lo exigía.
En 1924 realizó su primer viaje a América para montar, en La Habana, el monumento al General Máximo Gómez, trabajo realizado en colaboración con Moisés de Huerta. Terminada esta obra trabajó en el Capitolio de La Habana bajo la dirección del escultor ruso Droker, también ejecutando un buen número de tallas para iglesias y conventos.
La primera obra que Juan Guraya realizó fue El torso de Baltasar, desaparecida en la actualidad. Su última obra fue el grupo procesional referido de La Sagrada Cena para la Cofradía Penitencial del mismo nombre, de Valladolid, que tardó en realizar dieciséis años, debido a lo precario de su salud y a la escasez de medios económicos.
La temática, casi exclusiva,  que desarrolla Guraya es la religiosa, aunque también realizó obra de carácter civil. Entre las más importantes de las de carácter religioso tenemos el grupo escultórico, en madera, de San Francisco de Asís y dos ángeles para el convento franciscano de La Habana (Cuba); San Francisco yacente, realizado en caliza y mármol, para el panteón familiar de don Antonio González en Bilbao; el grupo, en madera, de la Santísima Trinidad para el convento de las MM. Trinitarias de Deusto (Bilbao), y las figuras de San Juan Bosco y María Auxiliadora, realizadas en piedra, para el colegio de los PP. Salesianos en la misma ciudad.
Entre las obras de carácter civil tenemos el Monumento a la reina María Cristina, en San Sebastián; el monumento a Elósegui en Tolosa (Guipúzcoa); la estatua a la Marina Mercante en La Habana, así como varios trabajos para el Capitolio de la misma ciudad.

BIBLIOGRAFÍA
  • DELFÍN VAL, José y CANTALAPIEDRA, Francisco: Semana Santa en Valladolid: pasos, cofradías, imagineros, Editorial Lex Nova, Valladolid, 1974.
  • GARABITO GREGORIO, Godofredo: "Intrahistoria del paso de “La Sagrada Cena” de Juan Guraya: La cofradía, el escultor y las circunstancias", Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, tomo XLIII, Valladolid, 2008.