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jueves, 25 de abril de 2013

PINTORES VALLISOLETANOS OLVIDADOS: El retratista cortesano Andrés López Polanco (h.1580-1641)


Andrés López Polanco, fue uno de los retratistas más importantes de su tiempo. Su obra, realizada casi por completo en Madrid, posee una alta calidad. Asimismo se nos presenta como un pintor muy desconocido, no solo en Valladolid, su ciudad natal, en la cual vivió muy poco tiempo, sino a nivel general de la pintura española de la época. Los historiadores más antiguos no le mencionan. Palomino parece desconocerle. Ceán Bermúdez lo anota como Pérez Polanco y aparte de su Santa Clara no cita ninguna obra suya. El Conde de la Viñaza ahonda más, cita a Carderera que sobre su cuadro de Santa Clara dice: “este cuadro solo, firmado como está, da una idea exacta de la inteligencia, mérito y buen gusto de Andrés López Polanco y lo coloca entre los buenos pintores españoles”. Por lo demás, el Conde de la Viñaza, aparte de revelar que había sido discípulo de Bartolomé González, lo tiene por muy diestro en ejecutar retratos, nombra en especial uno de la Duquesa de Pastrana y recuerda que en el Museo de la Trinidad se encuentra un cuadro suyo La Venida del Espíritu Santo.

Detalle. Retrato del Obispo de Valladolid Don Juan Bautista de Acevedo (1608)
Si pocas son las obras que tenemos documentadas, menos son aún las noticias de carácter biográfico. Se sabe que Andrés López Polanco y su mujer, María de Almora, vivieron en la madrileña calle de la Platería (era el trozo de la actual calle Mayor que iba de la Plazuela de la Villa a la Puerta de Guadalajara). Las casas de Andrés López no podían hallarse más céntricas ni mejor situadas. Asimismo tuvo un hermano pintor, Jerónimo López Polanco, el cual ordenó en testamento enterrarse en la iglesia parroquial de San Miguel de los Octoes “en la sepultura donde está enterrado el dicho Jerónimo López, mi padre, que es sepultura propia”. Falleció el 4 de abril de 1626, tres días después de haber otorgado el testamento.
Aunque siempre pendiente de algunos encargos de la Corte, no tuvo la suerte de encajar en ella como sí ocurrió con, el también vallisoletano, Bartolomé González. Las huellas que ha dejado revelan una vida de grandes expectativas y también de gran frustración, pues, no llegó a tener ocasión de desplegar su extraordinario talento, aunque fuera de los retratistas más longevos de su época. A partir de sus escasas obras podemos colegir que tenía un gran potencial que no llegó a desarrollar plenamente. Sus mejores obras, imponentes en su volumen, en sus fuertes contrastes de luz y en su plasticidad se diferencian completamente en concepto y energía del estilo de otros retratistas. Debido a su dominio de la luz, se le llegó a calificar como de “un sorprendente precursor de Zurbarán”.

Retrato del obispo de Valladolid Don Juan Bautista de Acevedo (1608)
Andrés López Polanco nació en Valladolid, según se deduce de su firma (ANDRS LOPEZ/PINCIANO F.) en el retrato de Juan Bautista de Acevedo, segundo obispo de Valladolid, conservado en la catedral. Se desconoce la fecha exacta del nacimiento, el cual pudo producirse, quizás, hacia 1580. Aunque tampoco sabemos a qué edad llega a Madrid, debió ser con anterioridad a 1599, fecha en la que el pintor, también vallisoletano, Juan Pantoja de la Cruz le nombra en su testamento. No sería porque no hubiera buenos retratistas vallisoletanos en la Corte madrileña.
Nada conocemos de vida hasta que, como ya hemos visto, en 1599, Pantoja de la Cruz declaraba en su testamento que encomendaba a López Polanco o a Luis de Carvajal, “buenos maestros”, la terminación del retablo que estaba realizando para el Hospital de la Misericordia, fundación de Juana de Austria, adyacente a las Descalzas. El hecho de que fuera nombrado junto con Luis de Carvajal, artista experto y de renombre, hace suponer que López ya en esta fecha tenía la suficiente experiencia para esta labor y por lo tanto también la edad correspondiente.
La obra más antigua que conservamos de López Polanco es un cuadro, fechado hacia el año 1600, que representa a Margarita de Austria, monja (Innsbruck, Castillo de Ambras, 163 x 91,5 cm.). El retrato constituía un primer encargo del círculo real, probablemente accedería a él con la ayuda de Pantoja durante el trabajo en la Misericordia –dependiente de las Descalzas– en el que tal vez López Polanco le estuviese ayudando. El retrato fue enviado a Alemania a su familia y copiado allí varias veces para distintos miembros de ésta.

Margarita de Austria, monja (1600)
Margarita aparece de pie sobre un suelo liso con la postura habitual del esquema Cortesano, los brazos en diagonal, una mano sobre la mesa, sujetando un misal o un libro de horas, la otra en el rosario, detrás de ella la pared desnuda. La tosca mesa está cubierta con un paño negro, pero labrado decorativamente con rombos; encima, un reloj de arena, símbolo de la brevedad de la vida. En primer plano se ve un recuadro, del que se ha pesando que estaba destinado a llevar su nombre después de muerta. Lo extraordinario de este retrato, y lo que lo diferencia por completo de los de Sánchez Coello, Pantoja y González, es su carácter extremadamente claroscuro y lo conciso de sus contornos, al mismo tiempo que tiene una gran sobriedad. Este retrato debió de causar admiración.
Nada más se sabe de esta primera época en Madrid. Al trasladarse la Corte a Valladolid, López Polanco vuelve a su ciudad natal y aquí seguramente seguiría cerca de Pantoja y tal vez también figurara entre los pintores que trabajaron para el Duque de Lerma. Se sabe además que en Valladolid tenía un protector, el mencionado Obispo Juan Bautista de Acebedo, al que retrató en 1608, poco antes o después de que Acebedo fuera nombrado en ese mismo año Presidente del Consejo de Castilla y se trasladase a Madrid.

Santa Clara (1608)
Cuando la Corte vuelve a Madrid, también lo hizo López Polanco, como lo atestigua el cuadro de Santa Clara (1608) pintada para la iglesia del convento mismo nombre y que en la actualidad se encuentra en el Museo de Pontevedra, en depósito del Museo del Prado. El cuadro muestra dos escenas milagrosas de la vida de Santa Clara. López Polanco utiliza la iconografía usual de la época, mostrando a la Santa en primer plano con sus atributos –aparte del ciborio lleva un báculo de obispo– y en segundo plano, la pequeña escena del milagro. El pintor muestra otra vez en esta obra su especial interés por el claroscuro y presente a Santa Clara con unos volúmenes compactos, concisos. Maria Luisa Caturla vio en este cuadro la influencia de López Polanco, años después, en el óleo que pintara Zurbarán de San Jacobo de la Marca (Madrid, Museo del Prado, c. 1660).

FRANCISCO DE ZURBARÁN: San Jacobo de la Marca (c. 1660)
En este año de 1608 en que López Polanco esperaba comenzar, con la ayuda de Acebedo y también de Pantoja, una carrera en la Corte, resultó un año fatal: murieron ambos protectores. Sin embargo, la amistad con Pantoja se debió de traspasar a Bartolomé González.
De 1610 data el siguiente cuadro documentado. Se trata del retrato de los infantes Carlos y Fernando (120,5 x 124 cms.), conservado en la Fundación Jakober de Mallorca. Por lo visto, un retrato no conservado de los Infantes Fernando y Margarita y el doble retrato de la Infanta Margarita Ana y el Infante Alfonso (Madrid, Instituto Valencia de Don Juan) de Bartolomé González, pintados casi al mismo tiempo, gustaron más, y González, que ya había obtenido el encargo de terminar los retratos de Pantoja para la nueva Galería de Retratos del Pardo, desde ahora también fue el privativo retratista de los Infantes. Al comparar el retrato de los dos Infantes y los de estos años de González se revelan las razones de los Reyes. El retrato de González es mucho más oficial, y los colores son más discretos, tono a tono. Se ha llegado a decir de este doble retrato realizado por López Polanco que “es uno de los retratos infantiles más logrados de la pintura española”. Este comienzo tan desafortunado en su labor para la Corte repercutiría durante el resto de su vida.

Los infantes Carlos y Fernando (1610)
BARTOLOMÉ GONZÁLEZ: Doble retrato de la Infanta Margarita Ana y el Infante Alfonso
La siguiente noticia que conservamos data de 1611, año en el que recibe en su taller como aprendiz a un tal Juan Ruiz. Con el tiempo, nuestro pintor sigue moviéndose cerca de Bartolomé González y disfruta de su confianza y de la de los hijos herederos de Pantoja. Tal es así, que al terminar González los retratos de Pantoja para la Galería de Retratos del Pardo, y al entregarse la serie en 1612 al Guardajoyas, López es nombrado tasador por parte de los herederos. Realiza una tasación justa, aunque es mal recibida por la administración real que intentó varias veces retrasar y rebajar.
Debió de ser en estos años, trabajando con González, cuando le fueran encomendados los retratos de Felipe III y Margarita de Austria para el Monasterio de las Huelgas. Los retratos debían ser copia de los originales de Pantoja de la Cruz, por lo que López Polanco no tenía margen para sus propias ideas. A pesar de todo, en el retrato de la Reina logra un movimiento y una majestad distinta a la del modelo, el retrato de Margarita de 1606 (Madrid, Museo del Prado). En el del Rey, que queda más cerca de los de Pantoja, intenta romper la rigidez de la postura. Estos retratos debieron de gustar tanto que fueron repetidos y enviados a los Medici, a la hermana de Margarita, Magdalena, Gran Duquesa de Toscana. Así se deduce por los que, sin duda réplicas de los de Burgos, se encuentran en los Uffizi.

Retrato de Felipe III
Retrato de Margarita de Austria
JUAN PANTOJA DE LA CRUZ: Retrato de Margarita de Austria (1606)
En 1612, después del fracaso de los retratos de los Infantes, López va adquiriendo clientela propia. Se le abren las puertas del Duque de Uceda, hijo del Duque de Lerma, que va ganando importancia en la Corte. Le pinta “tres techos para los camerines de la duquesa que goza en Dios” por lo que cobra 4.400 reales. Posiblemente pintó más para él u otros señores de la alta nobleza, porque su situación económica en 1615 le permite casarse en Madrid con María de Almora y comprar una casa en la Platería, en la parroquial de San Miguel.
En el año 1617 volvería a sufrir una nueva frustración, cuando a falta de poder pintar un retrato original del Rey, le toca copiar uno realizado por Bartolomé González. El cuadro, titulado Retrato de Felipe III en negro (206 x 111 cms.) se conserva en Praga, en la Colección Lobjovicz, sita en el Castillo de Nelahozeves. El original, obra de González, fue realizado entre 1616-1617 para el convento madrileño de La Encarnación.

Retrato de Felipe III en negro (1617)
BARTOLOMÉ GONZÁLEZ: Retrato de Felipe III en negro (1616-1617)
El 10 de febrero de 1618 obtiene, por fin, un gran encargo. Se trataba de pintar veintiocho retratos de los ascendientes y familia de Don Juan Hurtado de Mendoza Navarra y Arellano, Conde de Castelnovo y Lodosa, teniendo por obligación que pintar dos cada mes, a cambio se le pagarían 8.305 reales por cada uno. Se trata de un encargo curioso que ensalza una de las ramas de los Mendoza menos conocida que la de los Duques del Infantado de Guadalajara. También este Juan Hurtado de Mendoza pretende ser descendiente de los Reyes de Navarra y muestra estar emparentado con los Mendoza de Portugal. Comienza la lista por decir que quiere primeramente “un retrato del Harriero de donde se deriva la descendencia de los Mendoza y que sea como se le ha hecho en la sala de los linajes en la casa del Duque del Infantado en Guadalajara”. El Conde hizo una selección muy suya de su linaje y sus héroes y, sin duda, creía a López Polanco sería capaz de representar debidamente a personajes tan variados en el tiempo y en la procedencia. Con esta gran obra su fama se fue extendiendo.
Cronológicamente, su siguiente obra fue un retrato de un joven caballero de Santiago, fechado hacia 1619-1620, el cual también se guarda en la Fundación Jakober, de Mallorca. Para este retrato, tomó como modelo el tipo de Pantoja de la Cruz del Conde de Saldaña de 1598 (Pasadena, Norton Simon Museum). En este retrato Polanco ha sucumbido en cierta manera a la rutina de los retratistas cortesanos. Aunque pintado con precisión no tiene el encanto del mencionado retrato doble de los Infantes, ni la fuerza de los retratos anteriores de adultos.

Retrato de un joven caballero de Santiago (1619-1620)
En 1624 le requerirán nuevamente para que realice una nueva copia de un retrato, en este caso le tocará a un cuadro de Diego Velázquez, El Conde Duque de Olivares (206 x 109 cms.). El óleo en la actualidad se encuentra entre los fondos del Museo Nacional de Escultura. Velázquez había pintado en 1624 su magnífico retrato del Conde-Duque de Olivares (Sao Paulo, Museo de Arte), encargado por Doña Antonia de Ipeñarrieta. Como en las otras copias realizadas por Polanco, no se limitó a hacer una simple copia, sino una interpretación nueva del modelo.

El Conde Duque de Olivares (1624)
DIEGO VELÁZQUEZ: El Conde Duque de Olivares (1624)
En fechas cercanas a este año de 1624, en el “Libro de Donativos” de Madrid, en el que se anotaban los dineros reunidos entre la población “para mejor acudir a la defensa de estos reinos”, su nombre aparece entre la larga lista de “Pintores e Iluminadores”. López Polanco donaba 100 reales, cantidad que se encuentra entre los donativos más bien altos, el mismo que da Francisco Pacheco. La mayoría de los pintores, muchos desconocidos hoy, da entre 25 y 50 reales. Los pintores de importancia como los hermanos Carducho y Eugenio Cajés donan una suma alta “a recoger de los salarios que el Rey les debe”. Una excepción es Velázquez, que entrega 100 ducados. Este hecho señala que a López Polanco en estos años le iba mejor. La culminación de esta tendencia debió de ser el nombramiento de “pintor de Su Alteça el Sr. Ynfante Cardenal”, que le llegó hacia el año 1631.
Justamente el año anterior, 1630, realizaba un retrato del dicho Cardenal-Infante Fernando, actualmente conservado en el Bowes Museum, sito en el Barnard Castle. Es un retrato muy de su estilo. Usa los mismos requisitos que en el de Santa Clara: la cortina, el bufete en vez de la pilastra, las columnas, la apertura de la vista desde arriba y la figura central con esos pliegues acañonados. Una vez más la fortuna no estuvo de parte del pintor, puesto que en 1632 Velázquez retrata magníficamente al Cardenal Infante como cazador. López Polanco, a pesar de ser el pintor del Infante, no podía competir contra el mayor genio de la pintura de la época. 

Retrato del Cardenal-Infante Fernando (1630)
Hacia el año 1630 se fecha también el retrato del Infante Carlos, el cual también se guarda en el Bowes Museum. El uso de luces y sombras tiene el mismo carácter anticipadamente zurbanesco que ya se puede observar en las obras anteriores. Es un retrato impresionante, muy alejado de todo lo que pintaron González y Villandrando.

Retrato del Infante Carlos (h, 1630)
En 1634, López comienza a trabajar para los Reyes en la serie de los Reyes Godos que formaba parte de las decoraciones del Salón de Reinos del Buen Retiro. Para este salón de placer, que reunía las glorias cercanas y lejanas de los reinos españoles, se encargaron, aparte de los retratos ecuestres de los Reyes por Velázquez, así como de los cuadros de las más sonadas batallas, dos parejas de Reyes Godos: Teodorico, pintado por Félix Castelo, pareja de Alarico por Jusepe Leonardo, y Ataulfo, pintado por Vicente Carducho, y su pareja, el Rey Eurico, por López.
El Rey Godo Eurico (Madrid, Museo del Ejército, antiguo salón de Reinos, Escalera Real, 200 x 150 cms) es una enorme figura que requería más que nada un sentido de magnificencia histórica, un terreno muy alejado de los retratos normales que el pintor solía hacer. Comparando su Eurico con el Rey Ataulfo de su compañero Vicente Carducho resulta menos movido y pomposo y muestra una silueta mucho más clara.

El Rey Godo Eurico (1634)
VICENTE CARDUCHO: El Rey Godo Ataulfo (1634)
Aunque no existe confirmación documental, se piensa que López Polanco pudo haber pintado ciertas partes de Los retratos ecuestres de Felipe III y la Reina Margarita (Madrid, Museo del Prado), obras realizadas por Velázquez en 1634. En estos retratos repasados y terminados por Velázquez, siempre se ha buscado una mano que hubiese trabajado lo que obviamente no es de él. Parece probable que la autoría de las cabezas y parte de las figuras de estos retratos corresponda a López Polanco.

DIEGO VELÁZQUEZ Y ¿ANDRÉS LÓPEZ POLANCO?: Retrato ecuestre de Felipe III
DIEGO VELÁZQUEZ Y ¿ANDRÉS LÓPEZ POLANCO?: Retrato ecuestre de Margarita de Austria
En ese mismo año de 1634 obtiene un encargo de una serie de catorce retratos de la Casa Austria para el procurador de Su Majestad Antonio de la Cerda Martel. Se trataba de retratos de cuero entero, de vara y media de alto y vara y tercia de alto de: Los Reyes Católicos, Don Felipe I, el Emperador Carlos V, el Rey Don Felipe II, Don Juan de Austria, Felipe III, la Reina Doña Margarita, el Rey Don Felipe II, la Reina Doña Isabel de Borbón, el Príncipe Nuestro Señor, la Señora Doña Isabel Clara Eugenia de Flandes, el Infante Don Carlos y el Infante Don Fernando. Aparte de los dos de los Infantes, no conocemos ninguno.
Andrés López Polanco debió de morir antes de 1641, fecha en la que ya se hallaba viuda su mujer. No se sabe dónde fue enterrado, ni se conoce su testamento, ni su inventario.

BIBLIOGRAFÍA
  • AGULLÓ COBO, Mercedes: Noticias sobre pintores madrileños de los siglos XVI y XVII, Universidad de Granada, Granada, 1978
  • AGULLÓ COBO, Mercedes: Más noticias sobre pintores madrileños de los siglos XVI y XVIII, Ayuntamiento de Madrid, Madrid, 1981
  • CATURLA, María Luisa: “Andrés López Polanco” en Cuadernos de Estudios Gallegos, tomo XXXV, 1956, pp. 389-405
  • KUSCHE, María: Juan Pantoja de la Cruz y sus seguidores: Bartolomé González, Rodrigo de Villandrando y Antonio López Polanco, Fundación Arte Hispánico, Madrid, 2007
  • PÉREZ SÁNCHEZ, Alfonso: Pintura barroca en España (1600-1750), Ediciones Cátedra, Madrid, 2010

lunes, 25 de febrero de 2013

PINTORES VALLISOLETANOS OLVIDADOS: El bodegonista Antonio Ponce (1608-1677)


Tenemos dos malas costumbres en Valladolid: no conocer a muchos de nuestros artistas, y a otros ni siquiera valorarlos. La figura sobre la que hablaremos hoy es uno de esos casos, aunque también es cierto que poco tiempo pasó en su ciudad natal. Hoy quiero dar a “conocer” a un gran pintor, totalmente desconocido en Valladolid, a pesar de que nació en ella. Se trata del bodegonista Antonio Ponce. Para tratar su figura he decidido hacerlo en tres apartados diferentes: primero una breve introducción al mundo de los bodegones del siglo XVII, seguidamente una pequeña biografía y para terminar se tratará acerca de las características de su obra. Espero que os guste, porque al menos para mí ha sido una grata alegría descubrirle.
Durante la segunda década del siglo XVII, la escena artística de los bodegones en Madrid estaba dominada por Van der Hamen. Hasta el momento, no se ha encontrado ningún cuadro firmado y fechado por ninguno de sus contemporáneos de los años 20. Sin embargo, el vacío dejado a su muerte en 1631 fue ocupado con rapidez. La “explosión” de la moda de los bodegones fue impulsada por la afición del coleccionismo de cuadros, una actividad cada vez más de moda, y a mediados de siglo los bodegones eran un producto básico para la subsistencia de la mayoría de los pintores comunes en Madrid. Entre los artistas aparecidos en este periodo que se dedicaron al género destacan Francisco Barrera, Antonio Ponce y Juan de Espinosa. En comparación con la versatilidad de Van der Hamen, el talento de estos artistas era relativamente modesto. Ninguno de ellos fue lo suficientemente importante para ser merecedor de una biografía en ninguna de las antiguas fuentes documentales, aunque el hecho de que se identificasen y reconociesen bodegones de Ponce y Espinosa en inventarios de colecciones pictóricas de la época demuestra que disfrutaron de reconocimiento dentro del semi-anónimo género de los bodegones.
    JUAN VAN DER HAMEN Y LEÓN: Bodegón con alcachofas, flores y recipientes de vidrio
JUAN DE ESPINOSA: Bodegón con uvas
FRANCISCO BARRERA: Bodegón de flores y frutas
Antonio Ponce ha sido un artista semi-desconocido hasta hace unas pocas décadas. Su personalidad se ha ido perfilando en los últimos años gracias a la publicación de bastantes obras suyas, firmadas y a veces fechadas, que han permitido conocerle bien. Quizás uno de los motivos del desconocimiento de su obra sea el que la mayor parte de su producción artística se encuentra en colecciones privadas. La prueba de que tampoco fue muy conocido en los siglos anteriores es que su nombre no aparece en ninguno de los repertorios biográficos clásicos (Palomino, Ponz, Ceán Bermúdez).
La primera obra firmada que conservamos es un Florero, fechado en 1630, propiedad del Museo de Estrasburgo. Es una obra seca y de carácter arcaico. La carencia de obras fechadas con regularidad hace difícil cualquier intento de reconstruir la evolución de su estilo a lo largo de su prolongada carrera artística.

Bodegón de con Frutas y Cardo sobre mesa de Piedra con Mascarón

BIOGRAFÍA
Antonio Ponce nace en Valladolid en 1608. Con un mes de edad, sus padres, Francisco Ponce y Antonia de Villalobos se trasladan a Madrid, ciudad en la que residirá durante el resto de su vida. El 15 de agosto de 1609 recibe las aguas bautismales en la madrileña iglesia de San Juan.
El 26 de octubre de 1624 ingresa como aprendiz en el taller del prestigioso pintor Van der Hamen, de quien fue el único discípulo conocido y hábil imitador, sobre todo por la meticulosidad y los excelentes acabados de sus creaciones distintivas. En el contrato por tres años que firmó la madre de Ponce con Van der Hamen se declara que el joven Antonio era hijo del entonces fallecido Francisco Ponce, un criado de la casa del Duque de Peñaranda, camarero mayor del cardenal-infante don Fernando.
El comienzo del aprendizaje de Ponce en el taller de Van der Hamen coincidió probablemente con el auge de la demanda de sus bodegones. Sin duda, el joven habría sido un valor muy importante para el taller de Van der Hamen, ya que era un pintor de talento que era capaz de reprimir su propia personalidad como artista e imitar el estilo de su maestro, y hasta es posible que llegara a terminar algunas obras que Van der Hamen había dejado sin finalizar en el momento de su muerte. Es significativo que no se conoce ninguna obra firmada y fechada por Ponce que correspondiese a su periodo inicial en el taller de Van der Hamen; parece haber surgido como pintor independiente sólo después de la muerte de su maestro.

Granadas
El 10 de diciembre de 1628, cuando hubo terminado su aprendizaje, Ponce contrajo matrimonio con la sobrina de su maestro, Francisca de Alfaro, hija de Juana de Herrera y su difunto esposo Diego de Alfaro, en la parroquia de San Ginés. Los contrayentes son citados como “mis parrochianos en la calle de las fuentes cassas de Juan(a) de Herrera”.
Ponce, como hemos visto, comienza su vida profesional a la sombra de maestro y quizá, siendo aprendiz, intervenga en sus obras hasta convertirse en un buen imitador de su manera de hacer. Su estilo prieto y rutinario evolucionará poco técnicamente pero sus composiciones, que concibe con monumentalidad, si bien parten de las de Van der Hamen, con disposición simétrica y más tarde escalonada, se desarrollan hacia una acumulación de elementos en diferentes planos que anuncian el posterior bodegón español.

Bodegón con cesta, fuente y plato de fruta
Entre los días 1 y 3 de octubre de 1633, Ponce, fue uno de los pintores con tienda abierta al público a los que se les confiscaron retratos del rey y de la familia real para que Vicente Carducho y Velázquez juzgasen su calidad y propiedad, por cuanto los alcaldes de la Casa y Corte de Su Majestad habían observado que en muchas casas de pintores había de estos retratos reales, no parecidos los más de ellos, y otros con hábitos indecentes.
El 30 de abril de 1634 firma como uno de los miembros del gremio de pintores madrileños y hermano de la Cofradía Real de Nuestra Señora de los Siete Dolores que se comprometen a llevar el paso con la imagen de la Virgen de los Siete Dolores en las procesiones de Semana Santa.

Bodegón con cajas y tarros de dulces y plato de peras y cerezas
El 18 de marzo de 1637, Ponce, Francisco Barrera, Lorenzo Sánchez y Domingo de Yanguas (todos pintores), reciben dinero por haber pintado y dorado la balconada desde la cual la Reina vería las festividades en la Plaza Nueva en el Prado Alto de San Jerónimo, en el Buen Retiro.
El 7 de septiembre de 1638. Ponce, Lorenzo Sánchez y Domingo de Yanguas, declaran haber cobrado de Francisco Barrera, 1.750  reales con que se les acabó de pagar “la partida que nos toca del tiempo que emos trabaxado en la obra del Real Retiro”
El 3 de agosto de 1639 trabajará, tasando las pinturas de la dote de María Van der Hamen, junto a otro pintor natural de Valladolid.
En 1642 se fecha el cuadro Granadas y Cesta de frutas, firmado. (Madrid, Colección privada).
Granadas y cesto de frutas (1642)
El 10 de septiembre de 1642, debido seguramente a la escasez de medios que le reportaba su actividad como pintor, realiza la pertinente información para solicitar el cargo municipal de Inspector de Pesos y Medidas.
El 14 de julio de 1647 se fecha el cuadro Guirnalda de flores con la Virgen y el Niño. En ese mismo día se produce el certificado de defunción de la madre de Ponce, Antonia de Villalobos, que vivía en la calle de los Majadericos, en casas de María de Ávila. Fue enterrada en la iglesia de San Felipe. Ponce ejerció de testamentario.
Guirnalda de flores con la Virgen y el Niño (1647)
El 12 de agosto de 1649, Ponce, Francisco de Aguirre y Julián González (pintores), Manuel Correa (escultor), Andrés Muñoz y Martín de Velasco (doradores), contratan la ejecución y decoración de una estructura conmemorativa en la plaza de la iglesia de San Felipe, diseñada por Lorenzo Ramírez de Prado, para la entrada real de Mariana de Austria. Incluiría diez figuras doradas de reyes y emperadores, con las de los monarcas entonces reinantes (Felipe IV y Margarita de Austria) pintadas (“revestidas”) y ocho pinturas con inscripciones. Se acordó el precio de 46.500 reales y los artistas se podían quedar con la obra después de las celebraciones. El 18 de noviembre, de ese mismo año, los pintores firmaron un recibo por el pago de las decoraciones de San Felipe.
En 1650 se fecha el cuadro Vaso de flores (Estrasburgo, Museé des Beaux-Arts).
En 1651 se fecha el Bodegón de uvas y granadas (Barcelona, colección privada).
Bodegón de uvas y granadas (1651)
El 19 de septiembre de 1652, Ponce, “que vivía en la calle de ortaleza Junto a las recogidas”, tasa las pinturas de Juan Gutiérrez de Rivadeneira, fallecido Sumiller de Panadería de Su Majestad Declara tener 41 años.
El 7 de agosto de 1657, Antonio Ponce y su mujer, Francisca Alfaro, dictan testamento, a pesar de que ambos se encontraban bien de salud. El matrimonio, que no tenía hijos, residía en la calle de Hortaleza.
En 1664 tasa las pinturas de Francisco Rojas, Médico de Su Majestad. Durante toda su vida le veremos realizando numerosas tasaciones de pinturas, tanto para las testamentarias como para las cartas de dote.
El 13 de diciembre de 1677 se expide el certificado de defunción de Antonio Ponce en la iglesia parroquial de San Ginés. El testamento lo había otorgado ante el escribano real Diego Alonso de Villar, dejando como testamentaria a su esposa Francisca de Alfaro “que vive en el Portal de los Pellejeros en las casas de franco Martín”.

CARACTERÍSTICAS GENERALES
En su juventud, sus composiciones están estrechamente relacionadas con las de Van der Hamen, principalmente por su claridad, con un modo de ejecución seco pero de resultado airoso. Hacia la década de 1640 sus obras evolucionan hacia cierto informalismo compositivo, situando las figuras contra un fondo luminoso con una presencia vívida que recuerda a Caravaggio, pero con una iluminación suave. Consigue en su producción grandes sensaciones táctiles y un nítido aspecto naturalista.
Su gusto por los fondos claros y la acumulación de objetos en algunas de sus composiciones, le acercan a la obra de los artistas de la generación siguientes, aunque siempre con una precisión de dibujo que a veces peca de dureza y rígida, y una técnica minuciosa, bien distantes de lo que en fechas centrales de su actividad (años 1650-1660) hacían ya otros artistas, como Antonio de Pereda o Mateo Cerezo.
Ponce empleaba habitualmente un tono de luz neutral en los fondos de sus bodegones y una luz difusa, rasgos que distinguían sus cuadros de los bodegones más tenebrista de Labrador y de algunos de sus contemporáneos, que empleaban fondos oscuros y una intensa luz lateral controlada. A pesar de sus dificultades para capturar la translucidez de las uvas, el manejo de la pintura que muestra Ponce en estos cuadros es más relajado y sensual.
Aunque se destacó principalmente por la pintura de bodegones (especialmente de frutas), también realizó algunas series dedicadas a los meses del año y a las estaciones. Estos temas se representan por medio de exuberantes bodegones en los que se incluían los ingredientes naturales y los platos cocinados apropiados para la estación, a veces acompañados de un paisaje, figuras alegóricas y de actividades y personajes vinculados a esa estación.
Abril
Mayo
Septiembre
Agosto
Noviembre
Diciembre
Al igual que otros pintores del momento, y en razón de la demanda existente, cultivó los asuntos que, a su vez, poseían el carácter de subgéneros dentro del amplio mundo del bodegón, como fueron los floreros en sentido estricto o las guirnaldas de flores, que enmarcan anécdotas de la más variada especie figurativa, predominando los asuntos religiosos. Como es natural, también se interesó por la representación de comestibles diversos, particularmente los productos de huerta, alcanzando éxitos especiales en la captación de las realidades determinantes de frutas y vegetales, que a su vez son protagonistas, por lo general, de bodegones de rica variedad de motivos y enrevesada, aunque sumamente atractiva, composición.
Es probable que Ponce pintase alguna de las copias de taller y variantes producidas por la tienda de Van de Hamen, quizá incluso aquellas que llevaban la firma del maestro. Era un hábil imitador de Van der Hamen y gracias al aprendizaje a sus órdenes habría adquirido una gran facilidad para combinar motivos copiados o incluso imaginados en el estilo de su maestro. En alguna de sus obras, Ponce copió motivos de los bodegones de Van der Hamen.

BODEGONES
Sus bodegones tienen una clara dependencia de Van der Hamen, tanto en la disposición escalonada de los objetos como en la pincelada prieta, aunque irá evolucionando hacia composiciones más barrocas en las que los objetos se acumulan en diferentes planos, y desde 1640 sustituirá los fondos oscuros por otros claros y luminosos. Su obra maestra es Bodegón de Alcachofas y Jarrón de Talavera con Flores.
Bodegón de alcachofas y jarrón de Talavera con flores
En sus bodegones, la minuciosidad de graduación de la modulación tonal y luz difusa le dan a sus motivos una apariencia algo dura. Su evidente incomodidad a la hora de dejar que la pintura asuma un papel expresivo en el acabado de sus obras lleva a una cierta uniformidad de textura en algunos de sus bodegones, en contradicción con el desafío de diferenciar las calidades materiales de motivos diferentes aparecidos en la pintura de bodegones. Su vocación por fijar en los lienzos el apasionante mundo de los motivos que la naturaleza le ofrecía le lleva a concentrar el interés en el espacio de un lienzo de reducidas dimensiones, en el que merced a un punto de vista alto, aplicado a una superficie, destaca los frutos con impresionante fuerza expresiva y hábil manera de asumir y plasmar sus características distintivas y sus calidades táctiles. Así consigue describir las granadas, reuniéndolas en un grupo compacto, perfectamente ajustado a la producción del efecto de volumen, merced al empleo de la luz, que arranca brillos a las superficies, no sólo para dar idea al espectador de las texturas que tiene ante la vista, sino también para poder transmitir la idea de corporeidad de las frutas, e incluso de su peso, como si se tratase de hacer un artículo de las mismas, a efectos de ser adquiridas para su consumo en un mercado popular cualquiera de la Corte madrileña.

Bodegón de cocina
Bodegón de flores y frutas

PINTURA DE FLORES
Sus piezas florales fueron concebidas como respuesta a la largamente admirada tradición flamenca de piezas de flores de excelente factura y acabado meticuloso y exquisito, admiradas por los coleccionistas españoles de pinturas importadas.
Las pinturas de flores de Antonio Ponce se caracterizan por la precisión del dibujo, su meticulosa factura y su excepcional acabado. Todo ello hace que su estilo recuerde al de Van der Hamen, aunque con una apariencia más artificial y formalizada que la obra de su maestro. Este exquisito estilo para la pintura de flores, aprendido en el taller de Van der Hamen, no pareció cambiar radicalmente a lo largo de su prolongada carrera, aunque con el tiempo fue adquiriendo una mayor sutileza, delicadeza y perfección. Una de sus piezas de flores firmada y fechada en 1650 (Estrasburgo, Museo de Bellas Artes), fue pintada según la normas simétricas de los primeros grabados y pinturas de flores.

GUIRNALDAS
Otro modelo de pintura que Ponce y Van der Hamen antes que él tomaron prestado de la pintura flamenca fueron los cuadros de coronas de tema figurativo. Este había sido desde hacía tiempo un popular subgénero practicado por los especialistas en flores flamencos, como Jan Brueghel y el jesuita Daniel Seghers (1590-1661), cuyas obras adornaron la colección real española y eran muy admiradas por los coleccionistas españoles aristócratas.
Ponce pintó una serie de cuadros de guirnaldas de tema figurativo respondiendo a la popularidad de que gozaban los prototipos flamencos entre los coleccionistas de la corte y quizás también a los ejemplos anteriores realizados por el joven artista Juan de Arellano. En estas obras el tema figurativo aparece dentro de una cartela arquitectónica ficticia, a la manera de Seghers. Como en los ejemplos flamencos, Ponce incluyó mariposas que parecen haberse posado sobre la cartela incrementando así el efecto ilusionista de la obra. La única firma que aparece en el cuadro de la Asunción de la Virgen sugiere que Ponce pintó en estos cuadros tanto las flores como los elementos figurativos, aunque la ausencia de obras figurativas de este artista que estén firmemente documentadas no nos permite asegurar esto con rotundidad. La obra Triunfo del Amor Sacro sobre el Amor Profano muestra el gran refinamiento y serenidad de temperamento de Ponce a la hora de realizar pinturas de flores. Las guirnaldas están unidas ficticiamente a la cartela, y la densidad de las flores es incluso mayor que en sus obras independientes de guirnaldas. Sin embargo, la rica variedad de las flores de Ponce, coronadas por una fritilaria y sujetas en su base por un enorme girasol, han sido dispuestas de acuerdo con los principios de la simetría. Mientras que la variedad y copiosidad de flores era una característica buscada en todas las pinturas de flores de la época, el orden arquitectónico con el que Ponce dispuso sus elementos es una cualidad completamente propia.

Asunción de la VIrgen
Triunfo del Amor Sacro sobre el Amor Profano
Guirnalda de flores y lazos
Guirnalda de flores y lazos

BIBLIOGRAFÍA
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