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sábado, 23 de mayo de 2015

LA ESCULTURA YACENTE DE DON RODRIGO ALONSO DE PIMENTEL, I MARQUÉS DE VILLAFRANCA


La imagen sobre la que hoy trataremos posee una particularidad que la hace única en nuestra provincia. Efectivamente, la presunta efigie yacente del I Marqués de Villafranca tiene la peculiaridad de ser la única escultura funeraria gótica conservada en toda la provincia vallisoletana que está realizada en madera. Este extraordinario hecho quizás se deba a lo inesperado de la muerte, puesto que si observamos atentamente la imagen, pareciera como si la policromía blanca de la armadura quisiera imitar el alabastro.
La escultura (161 cms.) está realizada en nogal, conservando buena parte de su policromía. Representa a un joven vestido con armadura y tocado con un bonete, en posición yacente; pero, a diferencia del resto de esculturas de estas características realizadas en piedra, en las que la figura se adapta completamente a la superficie horizontal que la sirve de base, como si se tratase de relieves, esta escultura está tallada en bulto redondo, con independencia de la superficie sobre la que debía descansar y su cuerpo se presenta un poco flexionado. Se ha apuntado la posibilidad de que esta escultura sea importada de Alemania, de cuyos talleres del sur podría provenir. La forma de estar tallada y el vigor expresivo de la figura, que aun representando a un cadáver muestra el cuerpo tenso, no contradicen la posibilidad de que se haya tallado en aquellos talleres. Sin embargo, recientemente, José Ignacio Hernández Redondo, ha propuesto que se trate de la obra de un “escultor al que se pueden atribuir otras tallas como la llamada Virgen de la Piña de la iglesia de San Miguel de Villalón, y por tanto activo en esta zona que por entonces pertenecía a la diócesis de León”.
 
Virgen de la Piña. Iglesia de San Miguel de Villalón de Campos
En la actualidad “preside” la primera sala del Museo Nacional de Escultura, rodeado de esculturas, pinturas, retablos y sillas de sillería góticas. Sin embargo, las noticias más antiguas sobre esta imagen se remontan a mediados del siglo XIX:
En 1862 la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Valladolid recomendaba el traslado al Museo de una “estatua de un guerrero que existe en una iglesia del pueblo de Villalón”. Efectivamente, decía que “dicha estatua sería conveniente que se trasladara al museo de esta capital”. Por entonces, la escultura se encontraba en un cuarto de la iglesia de San Miguel de aquella población, y según informaba el párroco debía de “ser la estatua del conde de Benavente fundador de un palacio que en aquella villa existió”. Finalmente, la Comisión acordó trasladar dicha estatua al entonces Museo Provincial “para cuyo objeto el sr. Gobernador dicta las órdenes oportunas”. La Comisión era consciente de que este yacente no pertenecía a la iglesia parroquial sino que se trataría de una más de las numerosas obras procedentes de los tres conventos desamortizados que existieron en Villalón hasta el siglo XIX y que por alguna circunstancia desconocida se depositaría en el templo siendo, por consiguiente, la actuación del Gobernador correcta al recuperar una pieza desamortizada. Tampoco se conocen datos que hablen de un enterramiento o fundación relacionada con los condes de Benavente en esta iglesia de Villalón, cuyo interior se abovedó en 1777 poniéndose por condición que, si bien habrían de moverse los altares y las tumbas, todo volvería a su lugar original al concluirse la obra; también la cabecera fue totalmente transformada a fines de aquel mismo siglo pero, aunque la capilla del canónigo Barco se modificó, su escultura funeraria continuó en el mismo lugar que ocupaba anteriormente.
 
Iglesia de San Miguel de Villalón de Campos
El párroco recordaba en 1862 que en Villalón los condes de Benavente habían poseído un palacio y, efectivamente, estaba en lo cierto puesto estuvo situado junto a la torre de la iglesia de San Miguel, mirando a la plaza. El IV conde de Benavente había usurpado terrenos a la parroquia para construir su residencia, lo cual fue objeto de largo litigio entre la iglesia y los condes hasta que ambas partes alcanzaron un acuerdo, comprometiéndose los condes a pagar una renta anual por el uso del terreno. Curiosamente el mismo sacerdote, por haberlo oído o leído, suponía que el representado en la estatua era el propio fundador del palacio de Villalón, es decir, el IV conde de Benavente.
Partiendo de estas consideraciones, estudios posteriores de González García-Valladolid y Ara Gil han incidido en esta última idea identificando la estatua con el IV conde, Rodrigo Alonso Pimentel (1461-1499), recordando que este conde participó en la guerra de Granada, falleció en 1491 y el estilo de la escultura “cronológicamente coincide con el momento del fallecimiento del conde”, lo cual se ha venido aceptando sin mayores críticas hasta no hace mucho, prefiriéndose en la actualidad identificar al representado como un Caballero yacente. Efectivamente, la escultura no representa a la persona con quien se venía identificando puesto que el IV conde de Benavente, según su testamento, se mandó enterrar en la capilla del convento de San Francisco de Benavente (Zamora) y además, cuando falleció era de edad avanzada, se le describe como “tuerto y cascarrabias” y cometedor de grandes abusos sobre las comunidades que dominaba según refleja su libro de descargo de ánima, lo cual no coincide con la juventud que refleja el individuo que representó el anónimo escultor.
 
¿A quién representa realmente la escultura yacente?
La mayor parte de la investigación acerca del posible origen de esta escultura, así como de su identidad se la debemos a Carlos Duque Herrero, de cuyo artículo tomamos la mayoría de los textos. Piensa el investigador que la clave para poder identificar al personaje yacente puede encontrarse en la declaración realizada por un vecino de Villalón en la década de 1560. “Un tal Pedro de Vovadilla (sic), que dice contar noventa años, narra el recuerdo que conservaba de cuando “trayendo el marqués de Villafranca, hijo del conde DON Rodrigo, a enterrar de Alcalá a Villalón estando el cuerpo en una hermita, saliendo por él la villa, clerecía (…)”.
El marqués de Villafranca, don Luis Pimentel Pacheco, era el hijo primogénito del IV conde de Benavente y de doña María Pacheco, los cuales contrajeron matrimonio en 1466. El nacería poco después, a finales de aquel mismo año o principios de 1468 ya que su hermano menor, llamado Alonso, futuro V conde de Benavente nació en 1468. El marqués murió de forma trágica, en noviembre de 1497, como consecuencia de una caída en Alcalá de Henares, no se sabe bien si de un caballo o desde una baranda. Por consiguiente, al fallecer frisaba la treintena y se hallaba casado con Dª Juana Osorio Bazán, I marquesa de Villafranca, quien le daría una hija póstuma, Dª María Juana Pimentel Osorio, que nació en 1498.
 
¿De dónde procede la escultura yacente?
La relación de los condes de Benavente con el pueblo de Villalón fue muy intensa, a todos los niveles incluido los artísticos, entre mediados del siglo XV y mediados del siglo XVI. Es importante destacar que en 1469 el IV conde fundó, extramuros de Villalón, el convento de franciscanos recoletos de Santa María de Jesús iniciándose las obras al año siguiente aunque un cronista anónimo de la propia Orden, en los primeros años del siglo XVII, precisa que las obras comenzaron en realidad en 1471 haciendo especial hincapié “de la increíble devoción a nuestra sagrada y apostólica religión que desde tiempo inmemorial tienen los Excmos. Condes de Benavente”, en cuya intensa relación insistió también Jacobo de Castro en 1722. Efectivamente en su testamento de 1499 don Rodrigo Alonso Pimentel exhortaba a que se acabase el expresado convento y al año siguiente la comunidad franciscana reclamaba la entrega de 660.000 maravedís para la realización de diversas obras en su edificio, de los cuales no se les libraría ni la décima parte.
 
Lamentablemente la documentación que se ha conservado sobre este convento es casi nula. Sin embargo, en la hipotética reconstrucción que se podría realizar de este convento, no aparece referencia alguna a enterramiento o estatua de ningún conde o marqués aunque podría ser un indicio el que los condes de Benavente satisficieron anualmente al convento la cantidad de 6.300 maravedís por los “sufragios que en él cumple su comunidad” y, naturalmente, el hecho de que eran los patronos del mismo.
San Francisco pudo ser el símbolo del nuevo rumbo que iba tomando la villa de Villalón de Campos bajo el señorío de los Pimentel contrarrestando a Santo Domingo, titular del otro convento mendicante fundando en Villalón a principios del siglo XV por don Fernando de Antequera y doña Leonor de Alburquerque, y, como se pregunta Duque Herrero: ¿qué mejor forma de potenciarlo y prestigiarlo que sepultando en su interior el cadáver del I marqués de Villafranca, primogénito del IV conde de Benavente, muerto en plena flor de la vida?

BIBLIOGRAFÍA
  • ARA GIL, Clementina Julia: Escultura gótica en Valladolid y su provincia, Institución Cultural Simancas, Valladolid, 1977.
  • DUQUE HERRERO, Carlos: “La escultura yacente del I marqués de Villafranca (h. 1497), Boletín del Museo Nacional de Escultura, Nº 3, 1998-1999, pp. 11-13.
  • WEB DEL MUSEO NACIONAL DE ESCULTURA: http://ceres.mcu.es

domingo, 20 de octubre de 2013

El sepulcro del diácono Diego González del Barco en Villalón de Campos (Juan de Juni, ca. 1536-1537)


En la recientemente restaurada iglesia parroquial de San Miguel de Villalón encontramos el único sepulcro labrado por Juni en que se ha conservado la representación del difunto, a pesar de que realizó otros muchos, la mayoría de ellos desaparecidos.
El sepulcro (1,99 x 1,72 m.), realizado en piedra caliza hacia 1536-1537, es de tipo pared aunque carece de arcosolio u otro marco arquitectónico, quizá como consecuencia de las reformas realizadas en  el siglo XVIII en la iglesia mudéjar. El 12 de diciembre de 1526 el Canónigo Diego González del Barco firma en León la escritura de compra y dotación de una capilla, "que edifica" en la nave "siniestra, junto al altar mayor, en el crucero" que llevaría la advocación de Nuestra Señora del Pópulo, fundando también una capellanía. Fallecería diez años más tarde según se lee bajo el bulto yacente.

La estructura del sepulcro es alta dividida en dos cuerpos. La urna funeraria se concibe como un elevado pedestal, dispuesta entre pilastras adornadas con grutescos, en cuyo frente dos niños sujetan, con desenfadadas actitudes y dinámicas posturas, las armas del canónigo; están tratados con relieve muy abultado, igual que los elementos vegetales que los acompañan. Sobre este primer cuerpo se dispone la cama, en cuyo frente figura la inscripción: "Aquí yaze el reverendo Diego González del Barco canónigo que fue de León, el cual fundó y dotó esta capilla de sus propios bienes. Falleció desta presente vida a catorze días del mes de octubre anno del Señor de MD y XXX y seis años", escoltada por otros dos putti, de forzadas posturas. El diseño de todo el conjunto y su ornamentación responden claramente a modelos cuatrocentistas italianos, sin que el manierismo haya hecho su aparición.

El bulto yacente, que viste sobrio traje coral y se cubre con bonete, se apoya sobre dos almohadas y tiene las manos juntas en ademán de orar, apoyando sus pies en un perro que dormita. La enorme verosimilitud del rostro hace pensar en una mascarilla mortuoria -Juni vivía en León en 1536- y la blandura del modelado del rostro en que se utilizara previamente un modelo de barro, material que el escultor empleaba por entonces.


BIBLIOGRAFÍA
  • FERNÁNDEZ DEL HOYO, María Antonia: Juni de Juni, escultor, Universidad de Valladolid, Valladolid, 2012.