lunes, 28 de febrero de 2022

PÍLDORAS ARTÍSTICAS: "Cristo Yacente" (Francisco del Rincón (atrib.), Finales del siglo XVI)

 

Título: Cristo Yacente

Autor: Francisco de Rincón (atrib)

Año: Finales del siglo XVI

Material: Madera policromada

Medidas: 213 x 86 x 129 (Urna). 190 x 74 (Yacente)

Lugar donde se encuentra: Convento de Sancti Spiritus

 

El tema de “Cristo Yacente” surge en la Edad Media cuando la figura del Redentor se independiza del resto de personajes que configuraban el “Llanto sobre Cristo muerto”. Este que se presenta en la exposición, calificado con total acierto como “pieza clave de la escultura vallisoletana”, perteneció al desaparecido convento de San Nicolás o del Santísimo Sacramento. La imagen es tan excelsa que el pintor y tratadista Antonio Palomino lo creyó obra de Gregorio Fernández (1576-1636). A pesar de esto y de que durante una época se asignó su autoría a Francisco de la Maza (h.1540-1585) actualmente se atribuye sin discusión a Francisco de Rincón (h.1567-1608) en base a evidentes similitudes formales (manera de tallar el cabello, la barba, los ojos, etc.) con sus Cristos, especialmente con el de los Carboneros (h. 1606) de la Cofradía Penitencial de Nuestra Señora de las Angustias.

FRANCISCO DEL RINCÓN. Cristo Yacente (Finales del siglo XVI). Convento de Sancti Spiritus, Valladolid
FRANCISCO DEL RINCÓN. Cristo de los Carboneros (h. 1606). Iglesia Penitencial de Nuestra Señora de las Angustias, Valladolid

Su importancia dentro de la escultura vallisoletana es capital ya que sirve de enlace entre Juni (Cristo del Santo Entierro (1542-1543) de la capilla de Fray Antonio de Guevara del desaparecido convento de San Francisco), a quien toma como modelo, y los Yacentes de Gregorio Fernández, de los cuales es precedente. Este hecho es especialmente perceptible en el del convento de San Pablo.

Se trata de un Cristo de tamaño natural que combina perfectamente el manierismo romanista visible tanto en la potente anatomía como en los pliegues paralelos y concéntricos del sudario y el perizonium, con un incipiente naturalismo. El cuerpo yace sobre el sudario y presenta una rigidez extrema en las extremidades. Por su parte, la cabeza reposa encima de dos almohadas. La violenta torsión del cuello, a la manera de Juni, permite que el espectador pueda ver el rostro de Cristo, el cual presenta gran serenidad y placidez, contraponiéndose de esta manera al tratamiento patético del cuerpo. Tanto de la llaga del costado como de las manos y pies brota gran cantidad de sangre. Es especialmente interesante la forma en que dispone ambas manos puesto que será copiada puntualmente por Gregorio Fernández para algunos de sus yacentes. Debido a sus grandes proporciones no ha podido trasladarse a la exposición el “sepulcro” en el que se le custodia en la iglesia conventual.


 

BIBLIOGRAFÍA

AGAPITO Y REVILLA, Juan: La obra de los maestros de la escultura vallisoletana: papeletas razonadas para un catálogo. II, Fernández – adiciones y correcciones, Casa Santarén, Valladolid, 1929, pp. 108-109.

GARCÍA MARTÍN, Enrique: Cristo yacentes de Valladolid, Ayuntamiento de Valladolid, Valladolid, 2000.

MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José: “Cuatro esculturas inéditas del taller vallisoletano”, B.S.A.A., Nº 31, 1965, pp. 136-138.

URREA FERNÁNDEZ, Jesús: “El escultor Francisco Rincón”, B.S.A.A., Nº 39, 1973, pp. 491-500.

URREA FERNÁNDEZ, Jesús: La escultura en Valladolid hacia 1600, Caja de Ahorros Popular de Valladolid, Valladolid, 1985.

miércoles, 23 de febrero de 2022

PÍLDORAS ARTÍSTICAS: "Busto de Ecce Homo" (¿Taller o seguidor de Pedro de Mena?, Hacia 1673)

 

Título: Busto de Ecce Homo

Autor: ¿Taller o seguidor de Pedro de Mena?

Año: Hacia 1673

Material: Madera policromada

Medidas: 59 x 52,5 x 32 cm

Lugar donde se encuentra: Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid

 

Desde el siglo XVI la escuela granadina venía mostrando su interés por la figuración escultórica del busto del Ecce Homo, siendo su primer cultivador Diego de Siloé (h.1495-1563). La popularización del tema vino de la mano de los hermanos García, Jerónimo Francisco (1576-1639) y Miguel Jerónimo (1576-1644) con sus delicadas representaciones en barro policromado, y en un momento posterior a Pedro de Mena (1628-1688) y a José de Mora (1642-1724), con los innumerables ejemplares salidos de sus obradores. En cuanto al modelo de Mena, tanto el propio escultor como una legión de copistas –entre los que cabe incluir a su propia hija Andrea– lo imitaron hasta la extenuación, de manera que podemos encontrar reproducciones en la mayor parte del país e incluso en Hispanoamérica.

TALLER DE PEDRO DE MENA. Busto de Ecce Homo (ca. 1673). Museo Diocesano y Catedralicio, Valladolid
HERMANOS GARCÍA: Ecce Homo (Primera mitad del siglo XVII). Museo Nacional de Escultura, Valladolid

PEDRO DE MENA. Busto de Ecce Homo (ca. 1676-1688). Museo Nacional de Escultura, Valladolid

JOSÉ DE MORA. Busto de Ecce Homo (ca. 1675-1700). Museo de Bellas Artes de Granada

El busto que nos compete, conservado en el Museo Diocesano de Valladolid aunque procedente de la parroquia de Nuestra Señora del Milagro de Valdestillas (Valladolid), forma pendant con otro de la Mater Dolorosa, constituyendo de esta manera una de las dieciséis parejas de bustos que hasta el momento se han atribuido o relacionado con Mena. Estas series de bustos, formando pareja o no, son al mismo tiempo “la especialidad de la casa”, según palabras del profesor Gila, y una singularidad dentro de su trayectoria pues no se distinguió por cultivar temas pasionistas. Su producción de bustos de Ecce Homo se puede dividir en tres grupos, perteneciendo el que nos ocupa al denominado “busto corto”, el más numeroso debido a razones económicas.

Así, la efigie de Cristo, que porta una clámide roja que le tapa la espalda y el hombro izquierdo, se corta a la altura del pecho. El rostro, de finísima factura y labrado con enorme virtuosismo, muestra un semblante triste y lánguido (cejas enarcadas, boca entreabierta y con las comisuras caídas) destinado a conmover al espectador. Cristo mira frontalmente con unos penetrantes ojos de pasta vítrea. Cristo mira frontalmente con unos penetrantes ojos realizados en pasta vítrea. Del cuello le pende una soga y la cabeza va tocada por una corona de espinas de aros de médula entrelazados. Los rasgos faciales, que son los clásicos de Mena y su escuela (rostro alargado, ojos almendrados, nariz recta…), son muy delicados y tanto la barba como las dos masas de cabellos que le flanquean el rostro están tallados con suma finura y realismo. La policromía, que no es excesivamente sanguinolenta, contribuye a valorizar la efigie con detalles como la simulación de la bofetada en su mejilla izquierda. A pesar de la calidad de la pieza no se trata, según señala el profesor Gila, de una obra autógrafa de Mena, sino que se deberá a algún antiguo oficial, seguidor o copista del gran maestro.



BIBLIOGRAFÍA

ÁLVAREZ VICENTE, Andrés y GARCÍA RODRÍGUEZ, Julio César: Damnatus, Ayuntamiento de Valladolid, Valladolid, 2009, p. 46.

GARCÍA DE WATTENBERG, Eloísa: “Nº 10. Ecce Homo”. En LUNA MORENO, Luis (coord.): Pedro de Mena y Castilla (Catálogo de exposición), Ministerio de Cultura, Valladolid, 1989, p. 40.

GARCÍA DE WATTENBERG, Eloísa: La escultura en Andalucía. Siglos XV a XVIII, Museo Nacional de Escultura, Valladolid, 1984, p. 134-137.

GILA MEDINA, Lázaro: “Pedro de Mena: Precisiones y novedades” en GILA MEDINA, Lázaro y HERRERA GARCÍA, Francisco J. (coord.): El Triunfo del Barroco en la escultura andaluza e hispanoamericana, Universidad de Granada, Granada, 2018, pp. 71-134.

GILA MEDINA, Lázaro: Pedro de Mena escultor: 1628-1688, Arco Libros, Madrid, 2007.

LUNA MORENO, Luis (coord.): Pedro de Mena y Castilla (Catálogo de exposición), Ministerio de Cultura, Valladolid, 1989, p. 40.