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martes, 4 de noviembre de 2014

ARTISTAS VALLISOLETANOS ACTUALES: Pablo Ransa


Leopoldo Emilio de Celis A.K.A. "Pablo Ransa" nace en Valladolid en 1952. Realiza su primera exposición individual en la Galería del Caballo de Troya (Valladolid, Junio de 1973). Dado el éxito de aquella exposición abandona sus estudios de Filosofía y Letras y se dedica de lleno a la pintura. Ha realizado numerosas exposiciones individuales en distintas ciudades españolas, y ha participado en las colectivas de la Bienal de León, Bienal de Blanco y Negro III y IV; Bienal de Zamora; Premio Adaja, etc. Ha sido becado por la Diputación Provincial de Valladolid y ha obtenido por su obra entre otras recompensas el Primer Premio Juvenil y el Primer Premio Nacional de Pintura de la Caja de Ahorros Provincial de Valladolid.

La pintura de Pablo Ransa puede incluirse dentro de una línea expresionista. Ahora bien, se trata de un expresionismo diferente del practicado por ciertos pintores de centroeuropeos del primer tercio de siglo, o del expresionismo ibérico, del solanesco o del de la época azul de Picasso. Puestos a buscar una raíz, habría que pensar en ciertas coincidencias, o analogías con la forma expresionista de Francis Bacon.
Es curioso que este expresionismo con el que Ransa estuvo comprometido, supone un movimiento. Como toda la pintura de expresión, hay un desplazamiento de la materia, que de reflejo produce un movimiento emocional en el espectador. Pero ahora, el expresionismo actual constituye un movimiento sin esperanza y sin destino, que nos hace mover, pero sin tener donde ir. Las líneas dinámicas de Bacon pueden hacernos precipitar en la angustia de la nada, en la cotidianeidad más vulgar. Pero Ransa deja siempre, en la estructura de sus líneas abiertas, una apertura a la esperanza.
A la orilla del conocimiento (2004)
Ariadna
Batalla perdida
Biblioteca en rojo
Ciudad laberinto y Ariadna
Cruce de caminos
Desolación (2004)
Después de la tormenta
Podríamos establecer un parangón entre esta pintura y el futurismo. En los cuadros de Ransa de esta época hay movimiento, pero no se presta ningún interés a la velocidad en sí misma, como hacían los futuristas, al gusto del vértigo. La velocidad física, como tiempo para recorrer un espacio, no le interesa. Puede interesarle en cambio el movimiento, por las implicaciones ocultas que éste pueda tener. En este aspecto sí que hay en la pintura de Ransa algo de futurismo: en el contagio de unas formas con otras. Los futuristas veían la impregnación de las cosas entre sí. Las figuras de Ransa están en relación misteriosa con el aire que las rodea, pero no sólo ópticamente, superficialmente, sino que podríamos hablar aquí de un neofuturismo psicológico. Es decir que esto supondría una revisión de aquel término conforme al hombre de hoy, que por otra parte participa del problema que hoy es común dentro del expresionismo contemporáneo. Instalado, según algunos, en un instante contradictorio, en el que la suma de fuerzas opuestas casi iguala a cero, la pintura de Ransa, llega a una situación trágica y en ese instante la pintura tiene dos caminos. Uno es el de la huida por el sendero del humor. Vertiente que no le ha interesado hasta ahora a este pintor vallisoletano, aun cuando algunas cosas de él podrían situarse en el límite de un humor surrealizante. Y el segundo que es el emprendido por Ransa, y es la práctica del tachismo o de la autodestrucción que se ve en muchos de los oscuros cuadros de este artista.

El comienzo del viaje
El limbo (1972)
El regreso (1980)
El sueño del pintor
El vidente (1973)
En el laberinto blanco
En general, puede decirse que Ransa practica un tipo de pintura expresionista con un fuerte contenido simbólico; no obstante, se muestra conscientemente receptivo –“heredero, receptor, poseedor”, como él mismo dice– a todo tipo de corrientes artísticas sin renunciar a ninguna de ellas, siendo quizá las más destacada su faceta cubista en la multiplicidad perspectiva, e incluso la surrealista-simbólica: cuadro dentro del cuadro; figuras y títulos inquietantes y enigmáticos.
En alguna etapa de su producción mostró quizá una excesiva carga de angustia, manifestada en el empleo de tintes oscuros y sombríos. Más tarde evolucionó hacia tonos mucho más cálidos e intensos, como acontece precisamente en los Murales de los Puentes de La Esgueva en Valladolid. Actualmente, su expresionismo, deriva hacia una vertiente simbólica. Incluso podríamos añadir que su simbolismo alude a ciertos aspectos del prerrafaelismo. Aunque pintor, también ha practicado la escultura: en 1999 esculpió La Esgueva para uno de los puentes del referido río en el Paseo del Cauce. Desgraciadamente en 2006 algún ladrón la robó.

La Esgueva (1999)
En el laberinto
En el laberinto

Figura con collage
Figura con guitarra
A continuación vamos a tomar unos textos de Elena Santiago y de Antonio Corral Castanedo que nos ayudarán a comprender mejor la obra de Pablo Ransa:

Textos seleccionados de Elena Santiago
Los rostros de este hombre artista (inseparables, íntimos y ciertos), son rostros que se han quemado, desde sus manos y sus emociones, para contarse. Los ha ido dejando estar y conforman mundos llenos de realidad, de necesidad de ser y estar. En cualquier instante puede escucharse el beso de la soledad.
Creador de atmósferas convenidas, aloja lo intrincado o lo apenas sugerido, pero cercando lo certero, lo que define. Admirable su fuerza, sus abismos y sus ensimismamientos, sus huidas y sus llegadas, sus argumentos del asombro. Lo cálido, lo que duele, la caricia o el abrazo. Y también la derrota, el miedo, lo escondido.

Figura con pájaro (2011)
Guíame
Habrá un amanecer
Como una cita irreversible, tentadora, Ransa en pensamiento junto, concluyente, frente a la más hermosa duda. La decisión retenida, perfila o insinúa, vacía o congrega lo esperado y lo inesperado, ama los laberintos y admira lo que desconoce saliendo en su busca. El mundo y otros mundos se le hacen estancia acogiendo entendimiento o sugestión, hasta cercar la fascinación que se queda. En la superficie, en las raíces, esa fascinación se acomoda, se rebela, se vuelve, se desenvuelve, haciendo de lo original un impulso o resistencia que recala conmovedoramente.
Pablo Ransa, conoce el arte de convocar, de ofrecer una fuerza que es palpitación, una imaginación que camina pareja con la sutileza y la intención clara, aun siendo oscuro. Alberga vehemencia y sosiego. Habita el riesgo de lo acentuado y de lo que se disipa. De logros, no habla porque siempre, cree, falta algo.

La Elipse y el Universo
La viuda triste (1975)
Matrimonio con niño (1974)
Si pintara totalmente en negro o totalmente en blanco, no cesarían sus mundos descubiertos en el secreto o en la comparecencia, en pertenencia profunda. Son muchos los años admirando esta pintura honesta y llena de belleza, que me dirige a rincones insospechados, a senderos de adivinación y encantamiento.
Pablo Ransa, uno de los más importantes pintores que camina hacia adelante, habita este duro mundo del Arte mientras nos regala su empeño a grandes brazadas, en intensa creación sentida, mostrando un embeleso de vida que respiramos, tan decisiva en sus cuadros. Tan decisivo este deslumbramiento que consigue.

Mujer con flores (1976)
Pandora
Pareja
Textos seleccionados de Antonio Corral Castanedo
Ante la obra de Pablo Ransa uno se siente descaradamente atraído, casi cruelmente acosado y al borde de la tortura; llagado por unas humanas inquietudes profundas, en carne viva. Con frecuencia despunta en ella algo que parece rechazarnos al tiempo que nos intriga y nos abraza, para ofrecernos su amparo; intentando que, al comprendernos, nos comprendamos a nosotros mismos.
Sus pinturas despiertan en nuestro espíritu un escalofrío de cuidas y de desconciertos. Y Abren nuestras más altas ventanas a un torrente de nostalgias tatuadas por el llanto, a un cabalgar de recuerdos hechizados que, sorprendentemente lo son del tiempo pasado de nuestros días ya cicatrizados y vividos, pero también de ese tiempo sin estrenar con las contraventanas cerradas, que nos espera para que en él vivamos; de ese futuro embrujado que hasta alcanzado, o hasta que nos succione, no completará el enigma, el arcano de nuestro penar; no peregrinará hasta la difícil serenidad, tan cercana, pero tan imposible o tan corta, entre cuyas coordenadas se ocultan los vericuetos que nos conducen asustados hasta lo que creemos alegría. En las pinturas de Ransa resuenan laberintos y encrucijadas punzantes. En ellas, entre redobles de sentimientos afilados, escuchamos entristecidos jolgorios de fiestas fracasadas, entre un danzar de sensaciones, de dudas, de horas torturadas, de desconciertos que intentan levantar el vuelo en buscar de una paz o de una gloria siempre añoradas, de desconciertos que intentan levantar el vuelo en busca de una paz o de una gloria siempre añoradas, siempre alejándose, siempre perdidas.

Por encima de las nubes
Protegí
Retrato de injusticia
Sus cuadros dan cobijo a lo efímero de nuestro momento presente. Ese momento en el cual, como afirmara Bradley, el porvenir que fluye hacia nosotros se desintegra en el pasado.
El dibujo del que extrae todas sus posibilidades, todos sus secretos, la canción de las líneas presente y visible o iluminándonos desde su ausencia es uno de los soportes fundamentales en las obras de Ransa; en la gracia de sus arquitecturas, en el temblor y en la seguridad de sus composiciones, apuntalando toda una gracilidad un deslizarse o una sacudida de realidades que plasman un misterio de irrealidades que se confunden con aquellas, que nos muestran todas sus difíciles facetas.

PREMIOS
  • 1972. Accésit Arte Juvenil. Caja de Ahorros Provincial de Valladolid.
  • 1973. 1º Premio Arte Juvenil. Caja de Ahorros Provincial de Valladolid. Premiado en el concurso de Educación y Descanso.
  • 1974. Accésit Concurso Nacional de Pintura. Caja de Ahorros Provincial de Valladolid.
  • 1975. 1er Premio Concurso Nacional de Pintura. Caja de Ahorros Provincial de Valladolid. 1er Premio Arte Belenista.
  • 1981. Premio Ciudad de Salamanca.
  • 1982. Premio Ciudad de Valladolid.
Sabio
Sólo mi mente os escucha (1974)
Un nuevo día (1998)

EXPOSICIONES INDIVIDUALES
  • 1973. Galería El Caballo de Troya. Valladolid.
  • 1974. Caja de Ahorros Provincial de Valladolid.
  • 1976. Obra Cultura Caja de Ahorros y Monte de Piedad de León; Inauguración Sala de Exposiciones Diputación Provincial de Valladolid.
  • 1977. Caja de Ahorros Municipal de Pamplina. Galería Olenka. Valladolid.
  • 1978. Galería Bat. Madrid. Exposición itinerante; Caja de Ahorros Provincial de Valladolid; Galería Castilla. Valladolid.
  • 1979. Sala Gambrinos. Zaragoza.
  • 1980. Galería Castilla. Valladolid
  • 1982. “Relatos” Caja de Ahorros Provincial de Valladolid.
  • 1984. “Bodegones” Galería Castilla. Valladolid.
  • 1985. Sala Provincial. León.
  • 1987. “Homenaje al Río”. Caja de Ahorros Provincial de Valladolid.
  • 1989/90 Inauguración Sala “Rosalía Olcese”.
  • 1991. Caja de Ahorros de Salamanca, Valladolid, Zamora y Palencia.
  • 1992. Galería Maneu. Palma de Mallorca.
  • 1993. Palacio Pimentel. Iglesia de las Francesas. Valladolid; La Ermita, Tudela de Duero (Valladolid).
  • 1994. Casa de las Carnicerías. León.
  • 1995/96. Homenaje a Alonso Berruguete. Vestíbulo Estación del Norte. Valladolid; “Dibujos” Galería Castilla. Valladolid.
  • 1997. “Ciudad y Laberinto” Galería Lorenzo Colomo. Valladolid.
  • 1998. Murales de los Puentes del Esgueva.
  • 1998/99 Exposición Palacio Pimentel. Valladolid.
  • 1999. Galería Martín Brezmes. Zamora; Galería José Lorenzo. Santiago de Compostela.
  • 2000. Galería Mordiente. Bilbao.
  • 2001. Caja España Valladolid. Sala Municipal de Exposiciones del Teatro Calderón. Valladolid.
  • 2002. Casa de las Carnicerías. León. Realiza Murales en el Centro Cívico Pajarillos. Valladolid.
  • 2003. Exposición, Galería Lorenzo Colomo. Valladolid.
  • 2004. Exposición, Sala Municipal de la Pasión. Valladolid.
  • 2005. Presentación de las cuatro estaciones en aguafuerte.
  • 2006. Exposición Centro Cultural Provincial (Palencia).
  • 2009. Exposiciones en Caja España. León y Astorga; Exposición Caja Duero. Valladolid; Exposición BBVA. Oviedo.
  • 2010. Exposición Caja España. Valladolid.
  • 2011. Exposición Excma. Diputación de Valladolid.
Inauguración de la exposición "LABERÍNTICA-MENTE" en la Sala de Exposiciones de la Diputación de Valladolid (2011)

EXPOSICIONES COLECTIVAS Y CERTÁMENES
  • 1974. "Seudo-Sado-Maso-dibujos". Galería Paradiso. Valladolid; "Bienal de León"
  • 1975. Perspectivas. Valladolid; Blanco y Negro III y IV.
  • 1977-1979-1981 Bienales de Zamora.
  • 1976. "Premio Adaja". Ciudad de Burgos. Colectiva. José Mª Burgos. Valladolid.
  • 1982. Homenaje a Jorge Guillén.
  • 1984. Bienal de Barcelona.
  • 1985. "Grupo Taller". Colaboración con la Seminci. Primer Certamen Nacional de Investigación Plástica de Salamanca. "Grupo Ciudad". Galería Rafael, Carpeta "Cuatro Elementos". Desde el 95, diversas exposiciones colectivas en la Estación del Norte, Valladolid.
  • 1986. Obra gráfica en la Nueva Europa.
  • 1997. Exposición Arte y Campo. Exposición en distintas partes de Europa con grabados; Exposición Castilla y León 1898-1998, "Monasterio del Prado".
  • 2005. TANGRAM. Exposición Colectiva. Seúl (Corea del Sur)
Víctima
¡Que viene el lobo! y llegó...

OBRA GRÁFICA E ILUSTRACIONES
  • 1976. Serigrafías para la obra gráfica Paradiso, en colaboración con Pablo Serrano, Canogar y otros artistas.
  • 1993. Colaboración con el Premio Jauja en la ilustración de uno de sus libros; Portadas de la colección "Ámbito" Castilla y León; Cartel de "Feria de Cerámica Popular".
  • 1984. Carpeta "Un calendario" realizada en aguafuerte.
  • 1986. Carteles para la Excma. Diputación Provincial de Valladolid; Carpeta en aguafuerte "Valladolid".
  • 1991. Carpeta en aguafuerte "Ávila", "Burgos", "León", "Palencia", "Salamanca", "Segovia", "Soria" y "Zamora".
  • 1993. Cartel anunciador 1ª Concentración Olímpica de la Juventud. "Príncipe de Asturias", Junta de Castilla y León; Colaboración con El Norte de castilla en "Homenaje a Miguel Delibes"; Cartel X Muestra de Teatro Provincial de Valladolid.
  • 1995. Carpeta "5 bodegones y una naturaleza muerta", 1994, Carpeta "Cuatro Elementos”.
  • 1996. Carpeta "Árboles".
  • 1997. 13 grabados "Ciudad y Laberinto".
  • 2000. Carpeta "Puentes".
  • 2004. Ilustración del libro de Elena Santiago "Lo tuyo soy yo"; Edición especial de la Diputación de Valladolid de 125 ejemplares del Quijote con grabados realizados por 14 pintores.
Óleo sobre tabla y collage
Paradiso

BIBLIOGRAFÍA
  • CANO DE GARDOQUI, José Luis: La escultura pública en la ciudad de Valladolid, Universidad de Valladolid, 2000.
  • ORTEGA COCA, María Teresa: Concursos nacionales de pintura y escultura de Valladolid, Caja de Ahorros Provincial Valladolid, Valladolid, 1981.
  • PLAZA SANTIAGO, Francisco Javier de la y ORTEGA COCA, María Teresa: “La pintura del siglo XX, en Valladolid”. En LÓPEZ ANTUÑANO, José Gabriel: Valladolid, arte y cultura: Guía cultural de Valladolid y su provincia (2 tomos), Diputación de Valladolid, Valladolid, 1998, pp. 933-966.
  • RANSA, Pablo: Pablo Ransa. Laberíntica-mente, Diputación de Valladolid, Valladolid, 2011.
  • SANTIAGO, Elena de y CORRAL CASTANEDO, Antonio: Pablo Ransa: pintura, Ayuntamiento de Valladolid, Valladolid, 2004.
  • VV.AA.: Arte Valladolid: guía de artistas de Valladolid, Diputación de Valladolid, Valladolid, 2008.

sábado, 17 de marzo de 2012

Las "FUENTE(S) DORADA(S)". Historia de una plaza y sus fuentes


El origen de la plaza de Fuente Dorada se encuentra en el siglo XIII, cuando la actividad comercial de Valladolid se traslada desde la plazuela de Santa María (actualmente la de la Universidad) hasta un arrabal extramuros denominada Puerta de la Paja. Al lado de dicha puerta pasaba una de las “esguevas”, concretamente por la actual Cebadería. Allí fueron asentándose de forma progresiva los mercaderes con sus puestos de venta, así como las posadas y albergues para su acomodo: hileras de viviendas en torno a un descampado que fue conformando el espacio urbano de la actual Plaza Mayor.
Sin embargo, el comercio vallisoletano no se limitaba a dicho ámbito. Si bien la primera plaza funcionaba a modo de centro oficial del mercado, la zona de mayor intensidad mercantil se desarrollaba, además de en el Corrillo, en el espacio que pasó posteriormente a denominarse de la Fuente Dorada.


Esta Plaza, auténtico punto neurálgico del comercio, siempre conservó su característica forma triangular, aunque su nombre fue cambiando al correr de los años. Hasta comienzos del siglo XVII lo que es el espacio interior de la Plazuela se denominó la Gallinería Vieja; respecto a las dos líneas de casas con soportales, hasta bien entrado el siglo XIX se llamaba calle de Lorigueros o Espaderos la de Cánovas del Castillo hasta Teresa Gil, por venderse allí las lorigas de las armaduras, espadas y lanzas, mientras, la opuesta era la calle de Guarnicioneros o de los Mercaderes, signo inequívoco de la función mercantil de este ámbito.
 Si bien desde 1863 se determinó oficialmente que todo este espacio, incluidas plazuela y calles, habría de llamarse Plaza de la Fuente Dorada, en el sentir popular el lugar era ya conocido así desde principios del siglo XVII con el nombre de esta fuente tan particular cuya construcción data precisamente de esta época.
Con el nuevo plan de abastecimiento de agua a la ciudad procedente de Argales –“Viaje de Argales” que funcionó hasta 1860 en que se inicia la obra de elevación de agua del río Pisuerga–, el Regimiento de Valladolid proyectó en 1603 la construcción de ocho fuentes repartidas por la ciudad de las que únicamente se llegaron a ejecutar tres: la de la Puerta del Campo (actual Campo Grande), la de la Rinconada y la de la Gallinería Vieja, cuya construcción se inició en 1616 bajo la dirección del arquitecto Diego de Praves, maestro de obras de la ciudad.


Es difícil determinar el aspecto de esta última fuente, pero sí al menos esbozarlo merced a los comentarios de Ventura Pérez fechados en 1759. Refiere el cronista vallisoletano que “la fuente del Campo estaba en la misma forma que la fuente de los espaderos que ahora llaman la Fuente Dorada”. La Fuente del Campo, como señala la profesora Fernández del Hoyo “presentaba una taza o pequeño pilón circular con su columna central, donde posiblemente estarían los caños, rematada en una gran bola que debía ser de bronce y dorada…”.
Tal sería la forma básica de la Fuente de la Gallinería, cuya bola dorada daba nombre  la Plazuela. No obstante, hacia 1725, como relata el propio Ventura Pérez, “en la dorada quitaron una bola con su aguja que tenía de bronce y pusieron unos delfines de piedra y encima de un tiesto de flores a la estatua de la primavera, de tres cuartas poco más o menos de alto, muy dorada, a la cual un muchacho la quitó la cabeza de una pedrada y jamás se la volvieron a poner, y hoy (1759) se llama la fuente de la primavera sin cabeza; en fin cosas del gobierno de esa ciudad, que pone su mira en lo que menos importa”.
Es posible que para remediar el descabezamiento de la estatua, ésta se viera sustituida más tarde por otro aditamento decorativo. En este sentido, Narciso Alonso Cortés comenta que antes de 1840 existía sobre el pedestal una gran piedra que representaba una tinaja, piedra que fue en esta época sustituida a su vez por una escultura que representaba al dios Apolo, ignorándose si dicha figura había sido realizada expresamente para la fuente, o bien si era una pieza reaprovechada.


Lo cierto es que este Apolo, más tarde desaparecido, iba sin dorar y en su colocación surgieron controversias acerca del lugar donde habría de mirar. Puesto que Apolo era dios del sol, la posición de su rostro debía atenerse, para conseguir un buen efecto, a un punto de vista prolongado en dirección Este. Debido a la irregularidad de la Plazuela y la oblicuidad de las calles adyacentes, se determinó al final colocar a Apolo frente a la calle de Orates (hoy Cánovas del Castillo). Tres años más tarde, se dispuso una verja alrededor de la fuente, y en 1844 un zócalo de piedra.
D. Hilarión Sancho nos habla sobre la colocación del Dios Apolo en la plaza de Fuente Dorada el sábado 18 de julio de 1840: “al toque general de campanas se puso de manifiesto una estatua de piedra sobre el pedestal de la Fuente Dorada, habiendo quitado de este una gran piedra que figuraba una tinaja. La estatua representa al dios Apolo”.
Los preparativos para su instalación comenzarían en torno al 23 de julio de 1840 ya que entonces el Ayuntamiento acordó invertir 1.772 reales y 24 maravedíes, procedentes de la recaudación de las funciones ejecutadas por la compañía Filarmónica del Teatro en “los gastos que ocasione el componer y colocar la estatua de la Fuente Dorada”.
Aunque no se ha logrado averiguar la procedencia del Apolo que remataba la Fuente Dorada, llama la atención que la escultura se transportae sobre un “tablero o andas” desde la casa del pintor Pedro González Martínez, en la calle del Obispo (actualmente c/Fray Luis de León), hasta su nuevo emplazamiento, especificando la documentación, consultada por Jesús Urrea, que a su “cargo ha estado toda la obra y no ha querido interés alguno”. Quizás el pintor pudo haber intervenido en su adquisición o venta, suposición que adquiere mayor probabilidad si al leer la biografía que realizó Ossorio y Bernard del pintor, habla de que en “su casa-palacio de la calle del Obispo de Valladolid llegó a ser un verdadero museo de ricos lienzos, cobres de primer orden, esculturas preciosas y raras miniaturas… recogiendo todo a fuerza de cuantiosos gastos y repetidos viaje por las provincias de España”. Lo que tampoco sabemos es si la escultura se hallaba allí por motivos de su restauración o por otro motivo.
Poco antes de subir la estatua a su pedestal, el arquitecto municipal don Julián Sánchez ordenaría quitar la decoración que había anteriormente sobre la fuente, aunque la operación no se llevó a cabo con todo el cuidado necesario, puesto que el jarrón que se encontraba sobre la fuente se destruyo.
Al mismo tiempo, se planteó que orientación debía de tener la figura de Apolo, si colocada “de frente a la plaza mayor” o por el contrario, como quería el señor regidor comisionado, hacia “la calle de Orates (hoy Cánovas del Castillo)”. Tras solicitar informes al dicho pintor Pedro González y al arquitecto Julián Sánchez García, se decidió, ante la coincidencia de ambos, en que la estatua de Apolo mirase a la calle de Orates.
Para mayor ornato y seguridad de la fuente el 3 de julio de 1842 se acordó colocar, sobre un zócalo de piedra, unas verjas de hierro cuyos diseños facilitó el 22 de diciembre de ese año el arquitecto Julián Sánchez García.


Sin que se conozcan los motivos, la escultura de Apolo desapareció y no se volvió a tener noticias suyas. Agapito y Revilla en su obra Las calles de Valladolid (1937) recuerda cómo conoció la Fuente Dorada en el año 1876, que es cuando "se desmontó la fuente de piedra, y en sustitución se puso, más en el centro de la plazuela, una de sencillo pedestal, con columna para farola”. La fuente se situaba "no en el centro de la plaza, sino algo más próxima y hacia bajo de los soportales de Guarnicioneros, tenía un pilón ochavado o cosa así, y en el centro un pilar donde estaban los caños. Como de estos a la parte donde se colocaban las vasijas para tomar agua, que era el pretil del pilón, había cierta distancia, se utilizaban una especie de listones de madera, con una hembrilla o sostén que en él entraba, para que la canaladura quedase por bajo y recogiese el agua que salía, y por el otro con una ligera inclinación se apoyaba en la boca del cántaro o borde de la vasija. A estos listones con la canal, les llamaban cañas".


Así permaneció la fuente hasta que en 1949 se decidió colocar sobre un pedestal de piedra en sustitución de la farola una estatua de hierro fundido que representaba la figura semidesnuda de un joven, seguramente el dios Hermes. Dicha escultura había ocupado hasta entonces la hornacina situada a la entrada del Palacio del Marqués de Casa Pombo (Palacio de Villena), por aquellos años sede del Gobierno Civil y en la actualidad extensión del Museo Nacional de Escultura.
Esta figura fue, tras su colocación, pintada de dorado, por lo que pronto adquirió el nombre popular de Don Purpurino. Sin embargo, la escultura no tuvo mucha fortuna debido a los perjuicios morales, puesto que al ser la estatua mirada desde posiciones laterales, la posición del caduceo que llevaba en una de las manos, insinuaba una erección del pene, o incluso una masturbación, por lo cual pronto fue eliminada de la plaza y depositada en los almacenes municipales, de donde se sacó en 1953 para ser cedida a la villa vallisoletana de Tamariz de Campos. Allí fue colocada y allí sigue en la actualidad como remate de la fuente situada en el Corro de San Antón, cuya remodelación fue llevada a cabo en 1981.

                                        Las tres fotografías han sido tomadas de http://domuspucelae.blogspot.com

Don Purpurino sigue modelos clásicos en su acentuado contraposto y en la posición elevada de su brazo derecho, cuya mano sujeta una antorcha que, en origen, tal vez portara un globo de luz; mientras, su mano izquierda, hoy restaurada, lleva un pequeño cetro. Un paño anudado a la cintura cubre su desnudo cuerpo, adornado con sendos brazaletes y tobilleras, así como un collar de dientes. Su espalda aparece cubierta por larga capa que cae hasta los pies. La cabeza del joven, de rostro bello y altivo, presenta el cabello recogido en alta “cola de caballo”.

Fotografía sacada de www.tamariz.net/purpurino.htm

                                                                              Fotografía sacada de www.absolutvalladolid.com

El aspecto tan exótico de la figura, parece alejarlo de referencias interpretativas clásicas, adscribiéndose quizá, como se ha dicho en ocasiones, bien a las antiguas culturas que poblaron la Península antes de la dominación romana (¿celtas?, ¿vacceos?), bien a alguna autoridad inca o azteca. A pesar de todo esto, mi opinión, dicha anteriormente, es que se trata del dios Hermes.
Tras la desaparición de Don Purpurino, la fuente de la Plaza fue desmantelada, restando únicamente una pequeña estructura en el bordillo de la acera entre las calles de Ferrari y Lencería, y sobre ella una columna de piedra de la que pendían cuatro faroles. Posteriormente, este conjunto se trasladó a la plaza de la Trinidad donde aún subsiste, quedando en su lugar una farola.


Llegado el año 1997 se decidió renovar el aspecto general de la plaza, la cual en la actualidad se conserva tal y como se dejó entonces. La obra fue encargada al arquitecto vallisoletano Fernando González Poncio, cuyo nombre aparece escrito en la fuente.


El proyecto consistía en la recuperación como zona peatonal de un espacio urbano degradado por el intenso tráfico de la zona y por su función de aparcamiento, así como de la urbanización de las calles que confluyen en el mismo: Ferrari, Lencería y Matías Sangrador. Se crearon aquí una serie de hitos conmemorativos de carácter didáctico alusivos a las funciones tradicionales que en el pasado había asumido dicho ámbito (placas de bronce incrustadas en el solado en zonas como la antigua acera de la Cerería o el Corrillo de Joyeros; una gran Rosa de los Vientos, a base de adoquines en la calle de Matías Sangrador, antes Sitio de los Morillos, etc.).
El elemento más destacado de la intervención realizada por Poncio fue la reinterpretación de la antigua Fuente Dorada, desaparecida a mediados de los años cincuenta y que durante siglos centró el abastecimiento de agua a esta zona. La nueva Fuente Dorada es una fuente-escultura que, en principio, presenta ciertas analogías respecto a la de principios del siglo XVII; particularmente, la gran bola dorada y la aguja que culmina el conjunto, elementos, que como se ha dicho, en su día determinaron la denominación popular de la fuente y plazuela.


El resto de la estructura más que ser reinterpretado, es una amalgama de elementos entremezclados, formales e históricos, relacionados con la propia evolución de las fuentes sucesivas y con los acontecimientos desarrollados en su entorno. Estos son tratados con un sentido alegórico muy personal materializado en las esculturas y relieves de la fuente-monumento.
Por ejemplo, Poncio ha retomado la forma ochavada del pilón de la fuente de 1876; ello con el añadido de cierto carácter simbólico relativo a la proximidad de la Plaza del Ochavo o a la forma ochavada de la moneda de uso corriente en el siglo XVI. Lo mismo puede decirse acerca de la ubicación de la fuente actual, más o menos similar a la del siglo XVIII.
Las cuatro figuras que adornan los frentes principales del pilar central ochavado son alegorías de los principales oficios gremiales que desde el siglo XIII tenían su asiento en el entorno de la plazuela.
De tamaño ligeramente menor que el natural y realizadas en granito azul, piedra de Ávila, apoyan estas esculturas en sólidos pedestales adosados al pilar central, siendo concebidas las cuatro con un certero sentido didáctico, tanto en el anecdotismo de sus actitudes, como en el detallismo de sus atuendos y atributos. Las cuatro mantienen relaciones visuales históricas con su entorno. Así, la aguadora, acompañada de una figura infantil, mira hacia San Benito, donde finalizaba el “Viaje de aguas de Argales”; el botero se sitúa frente al antiguo Patio de Boteros; el militar mira hacia la antigua calle de Espaderos, etc. En la superficie del fondo de las esculturas aparecen inscripciones con los nombres de los antiguos gremios vallisoletanos: lorigueros, boteros, plateros, lanceros, etc.




Las figuras alternan con cuatro mascarones dispuestos en el resto de las caras del pilar central con las representaciones de las Estaciones. Estas siguen el orden del curso del sol, símbolo del imparable transcurrir del tiempo en este histórico ámbito.


Los juegos de agua, también diseñados por Poncio, no son menos importantes: de la bola surgen ocho caños que dan de beber al gran plato dorado que la sustenta. El agua rebosa de su labio y cae sobre las esculturas hasta llegar al pilón. Completan el juego cuatro caños emplazados en las bocas de los mascarones.
 

BIBLIOGRAFÍA
  • CANO DE GARDOQUI, José Luis: La escultura pública en la ciudad de Valladolid, Universidad de Valladolid, 2000.
  • URREA, Jesús: "La fuente del Dios Apolo en Valladolid", B.S.A.A., Tomo XL, 2005, pp. 129-138.
  • Las fotos de la Fuente del Dios Apolo y de las barandillas de dicha fuente han sido sacadas del artículo de Jesús Urrea. Las demás fotos en blanco y negro de la plaza de Fuente Dorada de la página web del Archivo Municipal.