martes, 10 de mayo de 2011

La Ermita de San Isidro Labrador


Hoy hablaremos de la Ermita de San Isidro de Valladolid, pues esta semana, el día 15, se celebra la festividad del santo. La importancia de esta ermita viene dada por ser la única de las numerosas que poblaban la ciudad de Valladolid que se conserva en la actualidad. Una de ellas, la de San Cristóbal, no debería de andar muy lejos de la supra dicha de San Isidro.
Como en todas las ciudades, cada oficio tenía su agrupación gremial y su santo patrón, los campesinos sentían una especial devoción por San Isidro. Desde finales del siglo XV hasta principios del XVIII los campesinos celebrarán los actos religiosos en el templo de San Andrés, pues por entonces los fondos gremiales eran muy reducidos, tanto, que al parecer no llegaban para sufragar los gastos de una Misa Mayor con panegírico y una modesta luminaria.
En varios cabildos tratarán la forma de construir una capilla en el misma iglesia de San Andrés, o si se pudiera, una ermita propia, –como así lo lograrán– en lo alto de la paramera próximo al camino que va a La Cistérniga. En 1621 se clava una cruz en el lugar donde se emplazaría el nuevo edificio, aunque las obras no comenzaron hasta 1692. Para poner en marcha la obra, la Cofradía contará con 300 ducados que le entregará de limosna el ayuntamiento, además de ciertas prestaciones de los labradores. El edificio es una construcción sencilla en ladrillo y tapial. El templo dispone de una nave dividida por contrafuertes interiores con pilastras adosadas y se cubre con bóveda de cañón con lunetos y yeserías muy sencillas. En el crucero tiene cúpula ciega, decorada con yeserías y soportada por pechinas. La puerta, en arco de medio punto, se abre a los pies y la fachada se remata lateralmente con dos sencillos campanarios.
El gremio seguirá recibiendo limosnas y donativos, llegando incluso a recibir en el año 1698 las imágenes de sus titulares: el Obispo de Valladolid encarga a Juan de Ávila la imagen procesional de Santa María de la Cabeza, y en ese mismo momento Ávila se encontraba tallando la imagen de San Isidro, por orden de D. Luis de la Vega. Las dos esculturas se siguen conservando en su lugar original, en la hornacina principal de un retablo rococó dentro de la ermita de San Isidro. A García Chico le parecen “esculturas esbeltas, bien plantadas, llenas de sentido humano y movidas con cierta gracia” y que “acusan la influencia de un aprendizaje en contacto directo con las obras de Gregorio Fernández”.


SAN ISIDRO
San Isidro fue un santo español que nació en Castilla hacia 1070, y que murió en 1130. Fue beatificado en 1618 y canonizado en 1622 junto a otros santos españoles: San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier y Santa Teresa de Jesús. Su fiesta se estableció el 15 de mayo, en primavera, en la estación de la siembra. Pues bien, San Isidro era agricultor que vivía en las cercanías de Madrid, solía interrumpir su trabajo para rezar, en una ocasión fue sorprendido por su patrón, mientras tanto un ángel terminó de arar por él.
La escultura vallisoletana fue encargada por Don Luis de Vega en el año 1698. Posteriormente fue regalada a la Cofradía, hecho que le valió ser nombrado cofrade de la Cofradía San Isidro. La talla, que mide 1´25 m., sigue de cerca el tipo creado por Gregorio Fernández, de la que puede tener por modelo la escultura de la iglesia de Santa María de Dueñas (Palencia). La influencia de Fernández todavía se deja ver en esta obra tan alejada en el tiempo, sobretodo en el elegante ademán y en los convencionalismos del rostro del santo, incluso los cabellos caídos sobre la frente propios de Fernández. Viste a la usanza de los labriegos de la época: chaqueta corta con cuello de encaje pequeño; calzas ajustadas al muslo con botas altas que llegan hasta la entrepierna.


SANTA MARÍA DE LA CABEZA
Fue la mujer de San Isidro, igualmente fue santificada, lo hizo con el nombre de Santa María de la Cabeza, debido a que se guardó su cabeza relicario, la cual llevaban los campesinos en procesión para conseguir que lloviera. La talla fue encargada y costeada en 1698 por el obispo de Valladolid, don Diego de la Cueva, posteriormente, al igual que ocurrió con la talla de San Isidro fue regalada a la cofradía.
La escultura de la santa también tiene posee una altura de 1,25 m., lo que le iguala con la talla de su marido. Santa María presenta las mismas características que la imagen de San Isidro: el modelado es blando y los pliegues suaves, aunque accidentalmente se percibe alguna quebradura. Lleva las vestiduras típicas de una campesina española: corpiño ceñido al pecho mediante cordones, lleva faldón, y encima un mandil. Sobre el hombro derecho porta un manto rojo con motivos dorados. Los brazos se cubren mediante las mangas de una blusa blanca. La cabeza se cubre con un vestido blanco que le cae por los hombros. Leve inclinación de la cabeza hacia la derecha, lleva un velo, lo que hace que el pelo esté semirecogido, el pelo cae por los laterales, llegando hasta el cuello.
El retablo mayor en el que se ubican las dos referidas esculturas es un interesante modelo de retablo rococó, tipología muy escasa en la ciudad de Valladolid. El retablo se estructura en una calle principal, separada de las laterales mediante estípites con frontones, el conjunto está coronado por un ático rematado con dos angelotes. En la hornacina central aparecen San Isidro y Santa María de la Cabeza, mientras que en las hornacinas laterales se encuentran San Emeterio de Barcelona y San Laurencio, ambos visten a la manera de San Isidro. En el ático hay una pintura que representa a San Rafael con Tobías.
 

Aparte del retablo mayor encontramos otras obras de arte en la ermita: En lo referente a escultura la obra más sobresaliente es un pequeño grupo de la Traslación de San Pedro Regalado, obra de alguno de los hijos de Tomás de Sierra (Francisco, José o Pedro), y por lo tanto fechable hacia 1750. Conserva también un Crucifijo de no demasiada calidad, que seguramente sea de principios del siglo XVII. Las otras  dos esculturas que conserva la ermita son las dos pequeñas imágenes procesionales de San Isidro y Santa María de la Cabeza, las dos modernas, siendo esta última obra del escultor vallisoletano Miguel Ángel Tapia.
 

En cuanto a la pintura toca, además del cuadro de San Rafael con Tobías del retablo mayor, conserva gran cantidad de pintura, ubicada en las pechinas de la bóveda y en diferentes tramos del techo de la nave. Las pinturas se fecharan en el último decenio del siglo XVII. En las pechinas se representa a Noé, Adán, San Emeterio y San Laurencio. En la parte superior de la bóveda aparece efigiado San Isidro. Ya en las pinturas ubicadas en el techo a lo largo de la nave central se representan temas como los ángeles arando mientras rezaba San Isidro, San Andrés con la cruz aspada, y una Virgen.

Ya en otras dependencias de la Ermita tienen acomodo diferentes cuadros de irregular factura. A modo de curiosidad señalar que en una de las dichas dependencias se encuentra la antigua cruz que componía el paso de "La Cruz Desnuda".


BIBLIOGRAFÍA
GARCÍA CHICO, Esteban: Valladolid: Papeletas de historia y arte, Valladolid, 1958.
GARCÍA CHICO, Esteban: Documentos para el estudio del arte en Castilla II, Escultores. Universidad de Valladolid, Valladolid, 1941.
GARCÍA VEGA, Blanca: “Estampas de imágenes vallisoletanas”, Boletín del Seminario de Arte y Arquitectura, t. LI, Valladolid, 1987, pp. 393-410.
GONZÁLEZ GARCÍA-VALLADOLID, CASIMIRO: Valladolid, recuerdos y grandezas, Tomo II, Imprenta y librería Nacional y extranjera de Hijos de Rodríguez, Valladolid, 1893-1894.
MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José: La escultura barroca castellana, Fund. Lázaro Galdiano, Madrid, 1959.
MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José: La escultura barroca en España 1600-1770, Ed. Cátedra, Madrid, 1983.
MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José y URREA FERNÁNDEZ, Jesús: Catálogo Monumental de Valladolid. Monumentos religiosos de la ciudad de Valladolid I, Diputación de Valladolid, Valladolid, 1985.