sábado, 5 de junio de 2021

La recuperada imagen procesional de Santiago Matamoros (Juan de Ávila, 1681-1682) para el "Corpus"

 

2021 será el segundo año consecutivo en que por culpa de la Covid no pueda desarrollarse la procesión del Corpus Christi por las calles de Valladolid, las que engalanadas con diferentes altares acogen el tránsito de la custodia de Juan de Arfe (1535-1603). La única buena noticia que nos trae el Corpus de este año viene de la mano de la Cofradía de las Siete Palabras y de la iglesia parroquial de Santiago Apóstol.

Ambas corporaciones han decidido instalar en la puerta trasera del templo, la que da al Atrio de Santiago, un sencillo altar en el que se ha instalado, además de la imagen de San José por haber sido dedicado este año al santo por papa, la escultura procesional de Santiago Matamoros que Juan de Ávila (1652-1702) esculpió entre 1681-1682 para la iglesia de Santiago: “Más pagué a Juan de Ávila del Santiago que hizo de talla con un peñasco sobre que se pone para la fiesta de Santiago y de hechura de un arco grande que hizo para dicho santo todo tallado con sus remates seiscientos y cincuenta reales en que se concertó todo”.

Esta imagen se ejecutó para sustituir a la que había tallado en 1622 el escultor Juan Imberto (ca. 1580-1626). El carácter procesional de la imagen lleva aparejada una labor de montaje y desmontaje de las andas que con el paso del tiempo supone un constante deterioro para la escultura. Fue precisamente esto, el mal estado en que se encontraba el grupo tallado por Imberto, el motivo que llevó a la parroquia a encargar uno nuevo a Ávila; si bien, y a tenor de algunos inventarios de bienes, la iglesia no se deshizo inmediatamente del ejemplar de Imberto puesto que en sucesivas listas figuran ambos grupos: “el que se lleva a la procesión del Corpus” y el “que sirve para su fiesta”. Gracias al testimonio de Telesforo Medrano sabemos fehacientemente que el santo salía el día del Corpus: “El 1 [de agosto de 1853] a las ocho de la tarde se hizo también traslación del Santísimo Sacramento de Santiago a la iglesia de Jesús Nazareno, como más inmediata y por ser penitencial de Santiago. Se hizo procesión pública y se trasladó con el Santísimo a la Virgen del Pilar y a Santiago el que sacan en procesión el día del Corpus. Sólo vino por la calle de Santiago y arroyo de la Plaza a Jesús, saliendo al recibimiento la cofradía con sus insignias y corporación”. Desconocemos el momento en el que la iglesia se deshizo del grupo de Imberto, así como su paradero, pues bien pudo venderlo. Con el paso de los años el trasiego procesional también afectó al nuevo Santiago Matamoros ya que tenemos constancia de numerosas reparaciones.

El grupo procesional tallado por Ávila, así como el peñasco sobre el que asentaba, fueron estofados y dorados por Joseph de Estrada. El escultor presenta al apóstol en su modalidad de “Santiago Matamoros”, iconografía muy difundida durante la Reconquista por la Orden de Santiago. El santo es efigiado a lomos de un caballo blanco atacando a los moros y derrotándolos en la batalla de Clavijo, es decir, según la leyenda por la cual el rey Ramiro I de Asturias observó en sueños al santo en vísperas de una batalla contra los musulmanes. Existen dos versiones del tema según el santo cabalgue por tierra o aire, en este caso el ataque es terrestre; años después, en el retablo mayor de la iglesia Ávila se decantaría por el ataque aéreo.

El conjunto, realizado en madera policromada y tela (los jaeces del caballo), lo conforman la figura ecuestre del santo y un moro descabalgado de su equino. Santiago se encuentra en plena batalla, en su mano derecha blande una espada, mientras que en la otra posiblemente portó una bandera o estandarte, símbolo de la victoria. La composición es claramente diagonal, aunque el resultado es bastante deficiente por cuanto hay una clara desproporción entre la figura del santo y la del caballo (el equino es demasiado pequeño y posee una cabeza diminuta en comparación con el resto del cuerpo), además la efigie de Santiago denota gran hieratismo, tan solo contrarrestado por los pliegues de la capa que se ondea violentamente por efecto del viento. Santiago se dispone a asestar el golpe de gracia al moro caído, al cual ha representado sobre su caballo, armado con un escudo y una cimitarra, y vestido con un curioso gorro que parece ser una repercusión de los que utilizó el escultor para los sayones del “paso” del Despojo. Lo más interesante del conjunto es el rostro, tratado muy someramente, y la vestimenta de Santiago, en la cual el escultor echa el resto, sobre todo en los suaves pliegues con los que simula las dobleces de la esclavina y el efecto del viento sobre la capa. Por contra, la escultura del moro es bastante floja puesto que su talla adolece de planitud.

El trabajo del escultor no se limitó a la ejecución de esta escultura, sino que además realizó una “hechura de un arco grande”, que será la estructura situada sobre la cajonería de la sacristía y en la cual está resguardada la imagen. Este mueble, que posee una traza bastante clásica y un tanto retardataria, debió estar antiguamente cerrado por un cristal ya que en ocasiones se alude a él como “el escaparate donde está Santiago en la sacristía y un moro que está debajo del caballo”.

No me gustaría acabar esta breve reseña de tan interesante escultura sin señalar que sería necesaria una urgente reparación pues su estado de conservación es bastante precario, especialmente palpable en la policromía del rostro. Asimismo habría sido recomendable que se hubiera respetado el conjunto escultórico en su integridad puesto que la exposición aislada del Santiago sin el moro caído a sus pies carece de todo sentido y significado.¿Tendría algún sentido poner un San Jorge separado del dragón?

Sobre la solemnidad del Corpus Christi del año 2021 os recomiendo el artículo que ha redactado Javier Juárez en su mítico blog: Glorias de Valladolid.


BIBLIOGRAFÍA

BALADRÓN ALONSO, Javier: Los Ávila: Una familia de escultores barrocos vallisoletanos [tesis doctoral], Universidad de Valladolid, Valladolid, 2016.

MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José y URREA, Jesús: Catálogo Monumental de la provincia de Valladolid. Tomo XIV. Monumentos religiosos de la ciudad de Valladolid (1ª parte), Institución Cultural Simancas, Valladolid, 1985, p. 202.

FERNÁNDEZ DEL HOYO, María Antonia: “Valladolid en el siglo XIX según el manuscrito de Telesforo Medrano. Noticia de Urbanismo, arquitectura y arte”, Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción., Nº 42, 2007, p. 80.

viernes, 28 de mayo de 2021

Exposición: "Antonio Maffei profesor y pintor (La Habana 1885 - Valladolid 1961)"

 

La vida se encuentra plagada de casualidades y esta exposición dedicada a mi admirado Antonio Maffei nos proporciona una ciertamente emotiva por cuanto a pocos metros de esta sala de exposiciones temporales del MUva, en cuya colección permanente se pueden disfrutar durante todo el año de algunas pinturas del maestro, fue donde el pintor situó su caballete a mediados del siglo pasado para captar un precioso testimonio de ese Valladolid perdido y que gracias a sus pinturas podemos recuperar y disfrutar. Estamos hablando de la acuarela La plazuela de Santa Cruz (1950), un precioso paisaje urbano en el que entre frondosos árboles y vetustas casonas se alza el desaparecido convento de las Siervas de Jesús. Y es que una de sus temáticas predilectas fue la plasmación de vistas urbanas de Valladolid. Cual cronista de aquel Valladolid desaparecido se dedicó a captar con fruición esas plazas, jardines, torres de iglesias, callejuelas, rincones castizos, y parajes dominados por la naturaleza de una ciudad que muy pocos años después desaparecería irremisiblemente y que hoy añoramos.

La exposición, titulada “Antonio Maffei profesor y pintor (La Habana 1885 - Valladolid 1961)”, recoge en torno a setenta obras del pintor Antonio Maffei cedidas por más de ocho colecciones particulares e instituciones. Esta Exposición se agrupa en seis capítulos: Miradas, Naturaleza, Valladolid, Pueblos, Montaña y Mar. Son trabajos realizados con distintas técnicas: óleo, acuarela, dibujo o grabado, que toman en la persona de Antonio Maffei un doble significado, artístico y pedagógico, ya que el pintor llegó a desarrollar plenamente su vocación docente en el seno de la Universidad de Valladolid.

Antonio Maffei Carballo fue un reconocido paisajista vallisoletano, pues como tal hemos de considerarle a pesar de haber nacido en La Habana. Su primer contacto con la pintura tuvo lugar con su padre en Pamplona, ciudad en la que descubrió la técnica de la acuarela que tanto cultivaría a lo largo de su vida. Siguió ampliando conocimientos en la Escuela de Artes y Oficios de Santander, en el estudio del pintor Ignacio Díaz de Olano en Vitoria y, finalmente, en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, en la que tuvo por maestros a los máximos exponentes de la pintura academicista española del momento.

Maffei, como la mayor parte de los pintores locales, se mantuvo ajeno a los ismos que durante sucesivas oleadas invadieron Europa, sintiendo una clara preferencia por la pintura decimonónica. A pesar de todo ello su pintura posee ciertos ecos del Luminismo –confesó el ascendente que sobre su obra tuvo la Escuela de Barbizón–, del Impresionismo –interés por la pintura al aire libre y por los efectos luminosos, de niebla y de luces artificiales; utilización de gamas cromáticas luminosas–, del Simbolismo –armonías o intencionadas disonancias tonales–, del Modernismo –valoración de la silueta recortada sobre un fondo muy luminoso y tratamiento del paisaje en valores de superficie – y del Art Decó –minuciosa captación de la indumentaria de su esposa, ataviada a la moda de los años veinte–.

Autorretrato (ca. 1950)
Pilar (ca. 1959)
Retrato de Maximina (1930)
Maximina (La Pamela) (1927)
Serrana. Maximina (1919)

Como veremos a lo largo de la exposición su obra la componen diversas temáticas. Con diferencia la que más cultivo fue el paisaje. Por sus óleos y acuarelas veremos desfilar los paisajes montañosos y con frondosos arbolados característicos del Cantábrico; las limpias marinas de las costas de Santander y Gijón; los cegadores cielos de Andalucía; las tierras castellanas tanto de la campiña mesetaria como de los parajes serranos de la Sierra de Gredos –especialmente de Arenas de San Pedro–; y, por supuesto, las ya citadas vistas urbanas de Valladolid. A pesar de que el paisaje fue su género predilecto también cultivó el bodegón, ya fuera de alimentos, cacharros o flores, y el retrato. Fueron protagonistas de sus lienzos sus amigos y familiares, especialmente a su esposa, a los que captó con una escrupulosa fidelidad tanto física como psicológica, llegando a penetrar hasta la frontera de la intimidad.

Maffei abordó diferentes temáticas, todas ellas elegidas por su propio gusto y no impuestas por encargo. A pesar de que el paisaje fue su género predilecto también cultivó otros, caso de los bodegones (de alimentos, cacharros o flores) o del retrato. Efigió a sus amigos y familiares, especialmente a su esposa, con una escrupulosa fidelidad tanto física como psicológica, llegando a penetrar hasta la frontera de la intimidad.

Último apunte (mayo de 1961)
Pinos (1926)
Calle Esgueva (1948)
Jardín del Colegio Mayor de Santa Cruz (1946)
Catedral de Valladolid
Las Tenerias (El Cubo) (1947)
Orillas del Pisuerga (1944)

Señalaron acertadamente los profesores Martín González, Ortega Coca y Plaza Santiago que al igual que “todo lo que un literato escribe es siempre una autobiografía” así ocurre con la pintura de Maffei, que nos delata los rasgos más relevantes de su personalidad: “su claridad, su silencio, su discreción sin estridencias, su alegría, su ausencia de exasperadas tensiones”.

Hay que dar las gracias a todas las personas e instituciones que han cedido las obras, así como a la Universidad de Valladolid, al MUVa y muy especialmente a su director Daniel Villalobos por la preparación de esta exposición que viene a rescatar de un injusto olvido a Antonio Maffei y le coloca en el puesto de honor que merece como uno de los maestros castellanos más destacados de la primera mitad del siglo XX. Nada más, espero que disfrutéis de la exposición y del cuidado catálogo que se ha editado para la ocasión.

Orillas del Pisuerga (1944)
Marina azul (1920)
Marina gris (Santander) (1920)
Los Villares (Jaén)
Calle de Guisando
Arenas de San Pedro
Rincón de Guisando (ca. 1950)
Pórtico del Partal, La Alhambra

La exposición se puede visitar a partir del martes 25 de mayo y hasta el 18 de julio, de lunes a viernes de 10 a 14 h. y de 18 a 21 h, en la Sala de Exposiciones Temporales del Museo de la Universidad de Valladolid en el Edificio Rector Tejerina (Plaza de Santa Cruz, 6).