Mostrando entradas con la etiqueta Academia de Caballería. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Academia de Caballería. Mostrar todas las entradas

lunes, 29 de septiembre de 2014

MONUMENTOS DESAPARECIDOS: "EL OCTÓGONO". La antigua Academia de Caballería


El “Octógono”, el antiguo cuartel de caballería, no fue el primer intento de establecer un cuartel de este tipo en nuestra ciudad. Ya en 1736 se formaron planos para la construcción de dos cuarteles, uno destinado a la Infantería y otro a tropas de Caballería. En 1748, el rey Fernando VI deseaba que, aún en tiempos de paz, se acuartelasen en Valladolid, “de pie fixo”, cuatro escuadros de Caballería, y, debido a que no existía edificio adecuado, público o real, para transformarlo en cuartel, se acudió al proyecto elaborado en el reinado de su padre. El tema quedó en nada hasta el año 1764, en que el asunto del cuartel vuelve a plantearse de nuevo. Es entonces cuando se piensa levantar un cuartel de acuerdo con el proyecto elaborado en 1736, y lo que es más: el lugar elegido para levantarlo era el que hoy ocupa la Academia de Caballería.
Todo el terreno presentaba un frente de 220 pasos (= 143 m.), de los cuales 180 (= 117 m.) ocuparía la fachada principal, frontera al Campo Grande, mientras que la parte posterior asomaría al Pisuerga, coincidiendo con el paraje denominado por entonces “Espolón Viejo”. Las fachadas laterales originaban con los edificios fronteros preexistentes dos calles de 20 pasos (= 13 m.) cada una. El espacio en que había de levantarse el cuartel pertenecía a la ciudad, libre, por tanto, de todo tipo de indemnización.

Proyecto de Academia de Caballería (1736)
El Corregidor vallisoletano llegó a comentar que, en el caso de construirse, el cuartel “será el más hermoso que haya en España y competirá con todas las casernas de Francia, por su situación, por adornarle la circunstancia de tener a su frente el Campo Grande que pueden maniobrar en él a un tiempo 20 escuadros de caballería y a su espalda el río a 80 pasos (= 52 m.), con su bajada hecha a la perfección y fuera de todo riesgo de avenidas”.
Un siglo después de este fallido intento iba a realizarse en gran parte aquel proyecto con la construcción de la Academia de Caballería. Pese a que el edificio que se construyó en el entonces llamado Campo de la Feria, a partir de 1846, no fue originariamente una construcción militar sino civil, un Presidio, nunca fue utilizado como tal, convirtiéndose en 1852 en sede del Colegio del Arma de Caballería. La instalación del Presidio Modelo en Valladolid contó desde el principio con la oposición de la ciudad, y la elección de su lugar de ubicación constituyó una larga historia de tiras y aflojas entre la ciudad y el gobierno nacional. Si a la larga la ciudad logró su propósito de alejar el Presidio del Campo Grande, en un principio se vio obligada a tolerar su construcción.

Diferentes vistas de la visita del Rey Alfonso XIII al cuartel en 1914
Cuando se anunció el deseo del gobierno de instalar el Presidio Peninsular en Valladolid, la ciudad ofreció como mejor emplazamiento el monasterio de Prado, que por su alejamiento parecía el ideal, pero el gobierno lo rechazó, propugnando el ex convento de San pablo, cosas que no aceptó la Corporación. Otros lugares propuestos por ésta eran los ex conventos de Corpus Christi y Sancti Spiritus y, en último término y como mal menor, una zona del Campo de la Feria, cerca de San Juan de Dios pero próxima al río. Sin embargo, el 18 de mayo de 1846 ya se había trazado en el Campo de la Feria, el plano sobre el que iba a construirse el Presidio y dado principio a las excavaciones. Por tal motivo la Corporación comenzó a estudiar la estrategia necesaria para paralizar unas obras que se habían iniciado sin su permiso, aunque nada se logró. En mayo de 1847, la Reina decretó que, dado lo avanzado de la construcción, no procedía la oposición municipal y exigió del Ayuntamiento la cesión del terreno y del agua necesaria para abastecer el Presidio. Aquel puso como condiciones para la cesión, que se tasase el terreno por peritos, levantando un plan topográfico de su figura y extensión, y que sobre el valor del terreno se constituyera un censo perpetuo. Asimismo, los gastos originados por estos trámites serían por cuenta de la Dirección General de Presidios. Pocos meses después, la Reina insistió en que se hiciera la escritura de donación sin más condiciones, y en el momento. El Ayuntamiento decidió en votación, conceder el terreno pero no el agua.
Los historiadores sitúan la colocación de la primera piedra del edificio el 25 de agosto de 1847, si bien, como hemos visto, las obras de infraestructura habían empezado un año antes. En ellas tomaron parte los penados de Valencia, Toledo y Madrid, y en la construcción se utilizaron las propias piedras del derribo del ex convento de San Pablo. 

El plano de la construcción era un doble octógono con pabellones interiores radiales, en cuyo interior existía un patio central también octogonal y ocho más pequeños trapezoidales. Responde al tipo de planta radial, derivado de los de los Hospitales, ideados para prisiones a fines del siglo XVIII por Jeremías Bentham, en el que confluyen las teorías de aislamiento del recluso y de humanización de las prisiones. La idea de una estructura central que facilitara la vigilancia de las celdas desde un solo punto, estaba ya extendida desde el siglo XVII –la prisión de Gante, construida en 1773, era octogonal–, y fue adoptada por Bentham en su célebre “panóptico”. Sus teorías tuvieron gran difusión en España, construyéndose cárceles de acuerdo con ellas; una de éstas fue el Presidio Modelo de Valladolid.

El cuerpo principal del edificio estaba formado por ocho trapecios enlazados entre sí aunque independientes unos de otros. Su distribución interna estaba hecha a base de celdas, con luces a las caras interiores de los lados trapezoidales. El exterior del edificio era de gran severidad. “De las ocho fachadas exteriores –decía Madoz en 1849, estando todavía en construcción el edificio– siete están sin hueco a la calle y su ornamento es liso; la principal tiene 18 huecos por ser más aparente para el servicio de los jefes. Esta fachada de orden dórico, todo de yesería en el piso principal y de imposta abajo, presenta un frente de cantería con guardapolvos, jambas y tarjetón en la puerta principal, habiendo a su entrada dos garitas de centinela también octogonales”. Posteriormente se abrirían huecos en otras fachadas. Asimismo seguía describiendo Madoz: “Cada lado del octógono tiene 159 pies de línea por 39 de altura, en dos pisos, bajo y principal. Tiene ocho ochavos, cada uno independiente de por sí por su patio respectivo por donde reciben luces los dos pisos; su ornamento es sencillo y su figura es trapezoidal El patio interno tiene también ocho lados de 55 pies por 39; también su ornato es dórico, formando una galería con pilastras y arco”.

La construcción del Presidio duró de 1847 a 1850. En 1849, cuando se llevaban gastados en las obras 80.000 duros, se nombró por Real Orden una comisión de inspección que dictaminó favorablemente a la terminación del edificio. Pero una segunda comisión, nombrada en 1850 cuando las obras estaban a punto de concluirse, formada por el Gobernador de Valladolid, el Vicepresidente del Consejo de Provincias, el Ingeniero Jefe del Distrito y el Visitador de Prisiones del Reino, que debía reconocer el edificio y entregarlo al gobierno, informó en contra, rechazándolo por “su mal entendida construcción, su perjudicial situación dentro de la ciudad, su mala distribución interior, falta de luces y ventilación…”. El responsable de tal decisión era el Visitador, Manuel Montesinos y Molina, Coronel de Caballería y prestigioso jurista, famoso por sus estudios sobre sistemas penitenciarios. Quedando el edificio sin destino, el propio Montesinos informó de ello al General Shelley, Director General del Arma de Caballería. El Colegio de dicha Arma estaba entonces instalado, en precarias condiciones, en unas dependencias de la Universidad de Alcalá de Henares, por lo que la Caballería gestionó en la Corte la concesión del edificio abandonado para instalar su Colegio. En 1852, tras hacerse en él las necesarias obras de acomodación, se verificó la instalación.


Contrariamente a lo que sucedió con el penal, el Colegio de Caballería fue acogido en Valladolid con gran entusiasmo como lo demuestra el hecho de que las frecuentes obras de ampliación de que fue objeto el edificio desde su construcción hasta 1910, año en que fue cedido al Ramo de Guerra, fueron sufragadas por el Ayuntamiento, a veces a costa de grandes sacrificios económicos. Las cesiones de terreno se suceden también siendo las primeras de marzo de 1852.
En julio de 1858 visitó Isabel II la Academia, prestando gran atención a cuantos proyectos se le presentaron, entre ellos el de la construcción de un picadero cubierto. En junio de 1860, el Comandante de Ingenieros manifestó que se le había mandado hacer un picadero cubierto en la Academia de Caballería, para la cual solicitaba a la Ciudad la cesión de 3.000 pies de terreno contiguo al edificio. En julio, el Ayuntamiento acordó ceder gratuitamente 2.850 pies superficiales, que, según el informe del arquitecto de la ciudad, eran los necesarios para construir el picadero. Se rumoreaba por esos días que la Academia iba a ser trasladada de Valladolid, cosa que la ciudad trató de evitar a toda costa. El Ayuntamiento manifestaba poder ofrecer gratuitamente los terrenos que fueran necesarios “para nuevas oficinas, por el lado del río, dejando suficiente espacio para las vías públicas que rodeaban el edificio”.

Diferentes vistas del "picadero"
En marzo de 1861 estos ofrecimientos se vieron aceptados. Se comunicó a la ciudad la traslación a ella de la Escuela del Arma que todavía subsistía en Alcalá de Henares y se solicitó más terreno. A petición del alcalde se hizo un croquis del terreno cedido anteriormente para que el arquitecto municipal dictaminase lo que podía cederse ahora. El Ayuntamiento acordó ceder el terreno necesario detrás del Colegio. “Esta disposición –se dice– dará nuevo realce a dicho Colegio y también a nuestra ciudad”. Durante las obras del Picadero, fueron encontrados varios sepulcros construidos en sillarejo, con forma de ataúd, semicircular en la parte de la cabeza.
Las obras del picadero estaban muy avanzadas en junio. La prensa señalaba que sería uno de los principales de Europa. “Nos ha sorprendido, dice El Norte de Castilla, tanto por lo espacioso del local que ocupa, como por la elegante forma que se le ha dado”. En 1862 se introdujo el alumbrado de gas en el edificio, mejora que se venía reclamando.

En junio de 1868 se pensó instalar en él la Capitanía General y, tras la Revolución de Septiembre, el Colegio fue clausurado por el General Serrano, quedando reducido únicamente a Escuela. En junio de 1871 se gestionó la reinstalación del Colegio cosa que se logró en julio. En los años siguientes se sucedieron, según hemos dicho, las obras de ampliación y consolidación del edificio, que también era engalanado e iluminado con motivo de las visitas de Alfonso XII en 1875 y 1876. En 1879, nuevos rumores de traslado obligaron a la Ciudad a gestionar en las Cortes su permanencia en Valladolid, al tiempo que se trató de la conveniencia de revocar la fachada del edificio. En el invierno de 1880 éste estaba muy deteriorado y hubo de atenderse con toda rapidez a lo más esencial, aplazando el grueso de las obras para la primavera. Se prolongaron todo el año de 1881 y en octubre hubo de solicitarse una subvención del ministerio de Guerra. En 1884 se hicieron obras para instalar en la Academia la Escuela General de Equitación.
En 1892 se creó en Valladolid un Colegio para Huérfanos del Arma de Caballería, pensándose instalarlo en la Academia, finalmente se construyó un edificio propio. En 1893 se precisan nuevas obras, cuyo presupuesto ascendía a 11.000 pesetas. La Corporación consideró entonces si no sería más conveniente la cesión del edificio al Estado, con la condición de mantener en él la Academia de Caballería. Las exigencias por parte del Ramo de Guerra aumentan al año siguiente, pues aparte del revoque de las fachadas, se pretendió obligar al Ayuntamiento a efectuar obras de nueva planta “que han de ser sufragadas por el municipio en razón a que el edificio es de su propiedad”, pero éste rehusó hacerse cargo de ellas alegando que sólo estaba obligado a subvenir a las de conservación. Idénticos problemas se plantean en 1895.

Cadetes ingresados en la Academia (1905)
Cadetes que recibieron los reales despachos (1867)
En 1915, el mismo año de su desaparición, Agapito y Revilla lo ensalzaba como modelo de su género: “A la base fundamental de la planta se agregó una gran extensión de terrenos para múltiples servicios, no carece de nada de lo necesario para la enseñanza militar, algunas cosas con verdadero lujo”. Enumera a continuación las diversas dependencias, concluyendo: “Últimamente el edificio fue cedido al Ramo de Guerra, con fuerte subvención, que ha servido para ejecutar importantes obras de reparación y decoro”.
El 17 de octubre de 1915 el rey Alfonso XIII visitó una vez más la Academia de Caballería. La madrugada del 26 un incendio destruyó la mayor parte del edificio. El fuego, que se inició a la una y media de la mañana en un almacén adosado al muro exterior del octógono, en la parte trasera, se extendió rápidamente a todo el edificio principal formado por los ocho cuerpos del octógono y el que dividía el primero del segundo patio. Se salvaron las edificaciones independientes, picaderos y dependencias situadas en los patios posteriores. Todo lo que quedaba en pie, paredones aislados en su mayoría, fue derribado en 1917, con la excepción del picadero. En el incendio se perdieron también parte de los fondos de la Biblioteca y Archivo. El Norte de Castilla de los días 26, 27 y 28 de octubre de 1915 se recoge el suceso con todo lujo de detalles: Los bomberos tardaron una hora y media en llegar, siendo abucheados por el público. El toque de campanas de San Ildefonso congregó al vecindario. A las cuatro y media de la madrugada el cuerpo del edificio que miraba a la calle de San Juan de Dios se hundió. Parte de los efectos que se lograron salvar se situaron, de momento, en el teatro Pradera, entre ellos el cuadro de Morelli titulado La Carga de Treviño.

Incendio de la Academia de Caballería (1915)
Al día siguiente del siniestro un telegrama del senador vallisoletano A. Royo Villanova dirigido al alcalde tranquilizada a la ciudad con la promesa, que era voluntad expresa del Rey, de que la Academia permanecería en Valladolid, y prometiendo, asimismo, la pronta reconstrucción del edificio en el mismo solar. Tras el incendio llegaría la construcción del actual edificio, inspirado en el bellísimo palacio de Monterrey de Salamanca, pero eso ya es otra historia…
Os dejo un link de un artículo muy interesante que profundiza en el conocimiento de este curioso edificio: El primerpanóptico de España: el Presidio Modelo de Valladolid

BIBLIOGRAFÍA
  • FERNÁNDEZ DEL HOYO, María Antonia: “Un proyectado cuartel de caballería en Valladolid”, B.S.A.A., Tomo XLV, 1979, pp. 498-506.
  • FERNÁNDEZ DEL HOYO, María Antonia: Desarrollo urbano y proceso histórico del Campo Grande de Valladolid, Ayuntamiento de Valladolid, Valladolid, 1981.

domingo, 6 de octubre de 2013

LA OBRA DE MARIANO BENLLIURE EN VALLADOLID


Hoy me he propuesto dar a conocer la obra escultórica que dejó en Valladolid mi admirado Mariano Benlliure, sin lugar a dudas uno de los últimos grandes escultores españoles. De todos es bien conocido que realizó el grupo escultórico fundido en bronce de los Cazadores de Alcántara, pero esta no es la única obra que existe en la ciudad… Esta entrada se la quiero dedicar a Ana, gran historiadora del arte y gran fan de Benlliure.


MONUMENTO AL REGIMIENTO DE CABALLERÍA DE ALCÁNTARA (1931)
El regimiento de Caballería de Alcántara a principios del siglo XX estaba destinado en Marruecos, país que se encontraba en constante lucha. Después de las tristes jornadas de Monte Arruit, en donde pereció el teniente coronal Fernando Primo de Rivera, el Arma de Caballería quiso rendir un tributo a sus héroes, en general, y muy especialmente al regimiento de Alcántara.
Fue en el año 1924 cuando surgió la idea de erigir un monumento, que conmemorara el comportamiento heroico del regimiento de Alcántara, en la Academia de Caballería. Mientras tanto se estaba edificando el nuevo edificio de la academia, y aunque se dudó respecto a su emplazamiento (se pensó montarlo en el centro del patio), finalmente se destinó a la fachada principal.

Para llevar el grupo escultórico a cabo se abrió una suscripción, que rápidamente alcanzó una suma importante, nombrándose una Comisión que presidieron, sucesivamente, los generales Francisco Gómez de Uzqueta, el barón de Casa Davalillos y el conde de Jordana, y de la que formaron parte, entre otros, el coronel Perinat y el conde de la Torre de Cela. El secretario y alma de esta Comisión fue el comandante don Segundo Díaz de Herrera. Estos tres últimos decidieron visitar a Mariano Benlliure para exponerle el proyecto y el deseo de que fuese él quien se encargase de la ejecución de un monumento, dándole cuenta de la cantidad con que contaban y bronce del que podían disponer, cedido por el Ministerio de la Guerra. El maestro acogió la idea con verdadero entusiasmo, pues sabido es que una de sus especialidades fue el modelado de caballos.

La ejecución de esta obra sufrió varias incidencias, debidas unas a los cambios de presidente de la Comisión y otras a las dificultades para recaudar las cantidades que en un principio habían ofrecido los distintos cuerpos del Arma de Caballería, llegándose, en definitiva, a una cifra inferior a la que primitivamente se había calculado. Por estas razones hubo que desistir de hacer el primer proyecto, que era de un tamaño mayor que el natural, decidiéndose, por fin, ejecutarlo algo menor del tamaño natural.

El escultor, conforme a su gusto, realizó un grupo de concepción pictórica. Los jinetes se aprietan, como si se tratara de un relieve, sobre un trozo de terreno. La técnica es menuda y de ejecución borrosa, como si se quisiera detectar el aire. El grupo es animado y gracioso, excesivamente pequeño para su emplazamiento, pues se pierde en la gran avenida. Es de alabar como siempre el virtuosismo técnico, por la dificultad de obtener un adecuado fundido de cosas tan reducidas, como los estandartes, que se recortan en el vacío. En un principio se pensó en realizar un monumento de mayores proporciones, pero escaseando los fondos se acortó la escala. Dado el objetivo, el Ministerio de la Guerra donó el bronce necesario para el fundido. Hay una intención conmemorativa. Se pretende, de alguna manera, exaltar en este regimiento a la Caballería española. De ahí que los cinco jinetes lleven uniformes que corresponden a distintas épocas, desde el que era usual cuando se creó con Felipe IV la Caballería de Flandes, hasta el más modesto de la campaña de Marruecos, que había desencadenado la erección de este monumento. La pieza está firmada y fechada: “M. Benlliure, 1931”.

El monumento fue inaugurado el 25 de junio de 1931, asistiendo el propio Benlliure al acto. Con esta obra ha quedado inmortalizado uno de los hechos más heroicos de la campaña de Marruecos, ya que los Cazadores de Alcántara cargaron sobre el enemigo perdiendo casi su entera dotación para salvar a las tropas españolas comprometidas en las tristes jornada de 1921, en Annual.

“MI NIETO” (1922)
Entre las colecciones escultóricas de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid destaca como una de sus piezas más importantes, si no la más, el presente busto titulado Mi nieto (92 cm.) realizado en mármol en el año 1922. Está firmado: “Mariano Benlliure, 1922”.
En el número de La Esfera del 24 de noviembre de 1928 se cita a busto, el cual se encontraba entonces expuesto en la Exposición de Arte Español celebrada en Bruselas en dicho año: “El mármol de Mariano Benlliure tiene toda la gracia grácil y optimista que ha caracterizado siempre al gran artista y que le ha dado enorme y gloriosa popularidad desde aquella maravillosa estatuilla El monaguillo, que en tiempos de escultura monumental a todo trapo, en que todos hacían esculturas enormes con temas enormes también, fue absolutamente una revelación de un artista y de un arte nuevo. Para este busto, además, Benlliure ha tenido el modelo que más intensamente podría hacerle sentir la gracia infantil y el modelo ideal del que no podía escapársele ni un rasgo: su nieto”. Además de en esta exposición, la obra también figuró en la organizada por la Asociación de Escritores y Artistas, en el año 1935. De ella existen algunas reproducciones en bronce y en cerámica.

En el año 1939 la Real Academia de Bellas Artes de la Purisima Concepción de Valladolid se puso en contacto con numerosos artistas, entre ellos Benlliure, a los cuales pedía una obra para con ellas poder organizar un museo. Benlliure fue uno de los artistas que, además de responder a la carta, envió una obra, que fue la que estamos hablando. La correspondencia entre la Real Academia y Benlliure fue la siguiente:
En 1939 el maestro recibió la siguiente carta:
“Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, de Valladolid
1 de julio de 1939
Señor don Mariano Benlliure
Distinguido compañero: Esta Academia, en sesión celebrada el 28 de marzo del año anterior, acordó establecer con carácter permanente, en los locales de la misma, una Exposición de dibujos de los principales maestros de España, reuniendo, al efecto, una colección selecta. Cree la Comisión nombrada para realizar este pensamiento que es llegado el momento, después del rotundo triunfo de nuestras armas, en que reina la paz, para emprender su labor, y en este sentido nos tomamos la libertad de dirigirnos a usted suplicándole nos favorezca con la donación de algún trabajo hecho por sus manos: bien un apunte, composición de alguna obra, una cabecita, un ropaje, un detalle, en fin, que nos acuse su personalidad y que para nosotros sería de gran valor…”.

Busto de "Mi nieto". Fotografía tomada de http://www.realacademiaconcepcion.net/
Benlliure contestó a esta carta con su generosidad característica, enviando el busto titulado Mi nieto, en mármol, el verdadero original de esta interesantísima obra. La Academia de Bellas Artes de Valladolid agradeció el bello regalo con la siguiente carta:
“Valladolid, 24-4-1930, año de la Victoria.
Muy querido y admirado maestro: Tengo el gusto de participarle que el magnífico busto de su nietecito, con que nos ha honrado, ha llegado perfectamente, y al propio tiempo que le manifiesto el más vivo agradecimiento por parte de la Academia de Bellas Artes por su valioso y artístico envío, le participo que en tanto tengamos preparada la sala en donde han de instalarse las obras que estamos recibiendo, este busto, que ocupará siempre entre nosotros un lugar preferente, ha quedado bajo mi custodia, en esta casa que pongo a su disposición.
Aprovecho esta oportunidad para reiterarme como el más entusiasta admirador de sus bellísimas y sentidas obras, quedando a sus órdenes. Fdo: Pedro Miñón”.

PLAQUETA-RETRATO DE “EL GRECO”
Los profesores y alumnos de la Universidad de Valladolid tuvieron la feliz idea de hacer un viaje a Grecia, llevando una placa con inscripción en castellano y en griego, dedicándola como homenaje al pueblo natal del pintor Domenico Theotocopuli El Greco. Desde Valladolid escribieron a Benlliure rogándole que con toda urgencia hiciese una plaqueta en bronce con el retrato de El Greco en relieve, que había de acoplarse a un trozo de piedra procedente de Toledo. Esta piedra medía 60 centímetros de ancho por 40 de alto, y la plaqueta había de tener 21 x 18 cm. La inscripción en castellano dice así: “La Facultad de Historia de la Universidad de Valladolid, alma en el corazón de Castilla, ofrenda a Fodele esta piedra extraída de Toledo, en memoria de la gloria del inmortal Domenico Theotocopuli. Julio de 1934”.
En la carta dirigida al maestro le advertían que no disponían de la cantidad suficiente para pagar el trabajo que le encomendaban; pero que, no obstante, se atrevían a ello, pensando que la placa para tal homenaje sólo podía firmarla una gloria como él, pues su sola firma significaba un prestigio comparable al del Greco.

Benlliure, simpatizando con esta idea, quiso sumarse al homenaje, contestando a la Comisión, que no sólo modelaría gratuitamente la placa sino que también pagaría los gastos hasta su total terminación. En efecto, llevó a cabo la obra, en la que aparece el retrato del Greco copiado de su autorretrato y ornamentado por unas ramas de laurel. Una vez terminada la placa, fue enviada a Valladolid a don Marcelino Cayetano Mergelina en junio de 1934. La Comisión mandó a Benlliure el telegrama siguiente: “No ya el agradecimiento, que es humano, sino la admiración del Arte que acerca a lo divino, es lo que acabamos de sentir ante la maravilla de su obra generosa y comprensiva. Cumpliméntanle con toda devoción alumnos Seminario de Arte, Facultad de Historia y profesores. Fdo: Mergelina-Ribera”.
También, desde Grecia, tuvieron los expedicionarios la atención de remitir a Benlliure otro telegrama, que decía: “Descubierta lápida Greco solemnemente alcalde Fodele, en nombre pueblo y excursionistas universitarios d Valladolid, testimonian agradecimiento y saludan efusivamente.   Fdo: Georgios Pantelis-Margelina”.

La Universidad, en vista de tan generosa prestación del gran escultor, acordó concederle el título de amigo ilustre de la Universidad, y una Comisión, constituida por el rector, don Isidoro de la Villa; el decano de la Facultad de Historia, don Amando Melón, y los profesores de la citada Facultad, señores Mergelina y Riera, se traslada a Madrid para hacer entrega al insigne maestro del título de la citada dignidad. Consiste éste en un pergamino sujeto a una tabla de palo santo, con clavos de plata, y en el que, en cuidado latín, debido al profesor Alarcos, que en español vendría a decir: “Al egregio varón y laureado escultor, honor grande de los españoles, don Mariano Benlliure, el Rector de la Universidad y su Claustro desean salud y paz. Como los profesores y alumnos vallisoletanos se preparasen a hacer un viaje a Grecia y quisiesen llevar la ofrenda de España a la antigua patria de Domenico Theotocopuli, te visitaron y suplicaron la ayuda del arte maravilloso en que tanto sobresales. Acogiste benévolamente nuestra petición y sin demora alguna modelaste la efigie del ilustre pintor cretense; la cual, hecha bronce primero, y después adosada a una piedra arrancada de Toledo, está ahora en la aldea de Fodele, entre árboles florecientes, con la primavera, y rumores de pájaros y de brisas. Recordando tu liberalidad, el Claustro de este estudio acordó agradecerla honrosamente y concederte la dignidad de Amigo ilustre de la Universidad. En Valladolid, España, a marzo de 1936”.


BOCETO PARA EL MONUMENTO A SIMÓN BOLÍVAR EN PANAMÁ (1926)
En la Casa de Colón se encuentra un boceto para el monumento que se levantón en Panamá a Simón Bolívar. Ejecutado en yeso (130 cms.), representa la parte posterior del monumento.


Próxima la fecha en que se cumplía el centenario del Congreso que el gran legislador Simón Bolívar convocó en Panamá, en junio de 1926 el Gobierno del citado país invitó a todos los demás de América Latina con el fin de acordar en qué forma había de rendirse un homenaje al que tanto debía la independencia de la América del Sur. Reunidos en Panamá los representantes de todos los países hispanoamericanos, acordaron que con la aportación de todos ellos se erigiese un monumento digno de la fama del Libertador. Para la ejecución de esta obra dieron amplias facultades a Horacio Alfaro, ministro de Relaciones Exteriores de Panamá, para que eligiese al artista hispano que hubiera de encargase de la obra. El ministro encargó la obra a Benlliure mediante una relación cablegráfica. 
Benlliure mostrando a sus invitados el grupo de las banderas, cuyo boceto está en la Casa Colón
Benlliure mostrando al rey Alfonso XIII la marcha de las obras del monumento
Benlliure se dio cuenta de la importancia del encargo, por lo que decidió estudiar en profundidad la vida del Libertador y los monumentos que en su memoria se habían levantado. En este estudio se dio cuenta de que en casi todos los monumentos se resaltaba únicamente su faceta militar, no obstante tener mucha más importancia su actuación como hombre civil, organizador de naciones, y decidió representar a Bolívar en la parte central del monumento, como hombre civil, en actitud de pensador. Su figura aparece esbelta, llena de noble arrogancia, pregonando el ilustre verbo con el que exaltaba a las masas.

En la parte superior va grabada una inscripción que hace referencia a su obra imperecedera: “La libertad conquistada es superior a la riqueza”. Dos figuras de jóvenes cruzan las manos. Cobijando dos figuras que proclaman la Libertad y la Victoria, corona el monumento un cóndor, como símbolo de América del Sur y de la más amplia libertad, que no reconoce límites en el espacio. En el frente lleva dos grandes relieves representando la emancipación de los esclavos y la proclamación del Libertador, por el Congreso de Angosturas, de padre de la patria. En la parte posterior, en su parte central, va simbolizado el momento en que Bolívar, desde la cumbre del Potosí, enarbolando las banderas de Argentina, Chile, Bolivia y Colombia, exclama: “La gloria de haber conducido triunfantes los estandartes de la Libertad hasta estas frías regiones es superior a los inmensos tesoros que se hallan en nuestros pies”. Los relieves de esta parte representan la gloriosa fecha del grito de la independencia americana y el paso de los Andes con un ejército hambriento y desnudo.

El monumento se ejecutó en diversos materiales: las figuras y los relieves se realizaron en bronce, el resto en granito, pulimentando en las partes que así lo requerían, por ser esta materia my superior al mármol y no mancharse con el óxido del bronce.
Por esta grandiosa obra el Gobierno de Panamá concedió a Mariano Benlliure la preciada medalla de oro conmemorativa de las fiestas organizadas para solemnizar el Congreso convocado por Bolívar. Para el acto de la entrega de esta medalla el ministro de Panamá organizó una fiesta, que se celebró en el Casino de Madrid, con asistencia de todos los representantes de las naciones americanas, autoridades españolas y personas destacadas de las ciencias y de las artes.

BUSTO DEL MARQUÉS DE LA VEGA INCLÁN
El presente no es una obra original de Benlliure sino que es una copia del busto en bronce que realizara del ilustre vallisoletano don Benigno de la Vega Inclán, Marqués de Vega Inclán, benefactor de la Casa de Cervantes. Se encuentra situado en el jardín inmediato a la las casas que conforman la Casa de Cervantes y la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción.

BIBLIOGRAFÍA:
  • QUEVEDO PESSANHA, Carmen de: Vida artística de Mariano Benlliure, Madrid, Espasa-Calpe, 1947.
  • MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José: Catálogo Monumental de la provincia de Valladolid. Tomo XIII. Monumentos civiles de la ciudad de Valladolid, Diputación de Valladolid, Valladolid, 1983.