miércoles, 12 de febrero de 2014

LA CAPILLA MAYOR DE LA IGLESIA DE SANTA MARÍA DE ALAEJOS: El retablo mayor (Esteban Jordán y Francisco del Rincón, 1589-1607) y el artesonado


Hoy una nueva entrada después de haber pasado unos días en la ciudad más bonita del mundo: Roma. El post de hoy va a tratar sobre una de las grandes obras (que son bastantes) que posee el bellísimo pueblo de Alaejos, una de mis localidades preferidas y a la que guardo especial cariño, sobre todo por su amabilidad.
El retablo mayor de la parroquia de Santa María de Alaejos, una de las obras maestras del romanismo vallisoletano, fue contratado en el año 1589 por el escultor ¿francés?, aunque afincado en Valladolid, Esteban Jordán. No lo llegaría a finalizar debido a su fallecimiento, por lo que los encargados de acabarlo fueron el ensamblador Cristóbal Velázquez y el escultor Francisco del Rincón. Todavía en 1600 se traslada parte de él desde Valladolid, y por las mismas fechas se acababa de pagar a los herederos de Jordán lo que se debía al difunto. La policromía y dorado corrieron a cargo del pintor vallisoletano Francisco Martínez quien firmó el contrato en febrero de 1604 con el compromiso finalizarlo en tres años. Se trata de una de las últimas obras de Esteban Jordán y se la considera una réplica del monumental retablo de la iglesia de Santa María de Mediavilla de Medina de Rioseco. A juicio del profesor Martín González esta obra de madurez de Jordán es “sin duda la obra más fina (y) más sazonada” del escultor.

Su arquitectura es muy clásica, derivada de la que ideó Gaspar Becerra para el retablo mayor de la catedral de Astorga. El retablo, de perfil facetado, se adapta perfectamente a la forma del ábside de la capilla. Se articula a través de un poderoso banco, dos cuerpos, tres calles, de las cuales la central es de doble anchura que las demás, y ático rematando la máquina lígnea. Todo se concibe como una fachada en la que se superponen soportes, entablamentos, frontones y remates. En el primer cuerpo los apoyos son columnas corintias, en el segundo estípites y columnas entorchadas. Los frontones son triangulares o curvos, a veces alternando.

Las esculturas, tanto de bulto redondo como de relieve, se compartimentan de forma rigurosa en sus portadas y recuadros de tal manera que la sensación es de perfecto orden geométrico y simetría. Los temas responden a lo impuesto por el Concilio de Trento para regular la iconografía de retablos e imágenes en las iglesias. Aunque en gran medida obra de taller, muestran los rasgos del manierismo romanista seguido por Jordán. Las figuras son monumentales y calmadas, sin ningún tipo de expresión. Los paños muy amplios y con escasos y muy ampulosos pliegues. Las escenas se componen por acumulación de figuras que llenan todo el espacio del que disponen sin atreverse a salir de él, como lo hacían las de Juan de Juni.
El banco está presidido por los altorrelieves de la Anunciación en el lado del Evangelio y la Visitación en el de la Epístola. En los plintos de las predelas, que están labrados tanto en la cara visible como en los enveses, se representan a diferentes santos. Aunque la mayoría ha perdido su atributo identificativo, reconocemos a San Andrés con la cruz aspada, San Judas Tadeo, con la alabarda con la que le decapitaron en la ciudad persa de Suanis, Santo Tomás, Santiago Alfeo o el Menor con la maza con la que fue rematado a golpes tras ser lapidado y, finalmente, a los Santos Juanes que cierran el banco por ambos extremos. Los relieves de San Pedro y San Pablo flanquean la custodia, que ocupa el centro del banco. En el relieve de la Anunciación, la Virgen aparece de hinojos apoyada en un atril. Es curiosa la postura en cuclillas del arcángel, quien se sitúa a la misma altura que Aquélla, lo que no es nada habitual, de modo que hay una cierta simetría entre ambas imágenes, de delicadas facciones. No falta el búcaro de azucenas que pregona la castidad mariana.

La Anunciación
La Visitación
La Custodia es de grandes dimensiones, en forma de templete, con dos cuerpos. El inferior luce en la portezuela la Última Cena, en la que distinguimos a Jesús, a San Juan (que dormita sobre el Señor), y a Judas con su típica bolsa de monedas. Las hornacinas, hoy vacías, están separadas por columnillas dóricas en tanto que las del cuerpo superior por jónicas. Un friso de triglifos y metopas recorre el borde superior del piso bajo. Hay que lamentar la desaparición de todas las estatuas que habitaban en los huecos, entre las que descollaban un Cristo a la columna y unos Evangelistas que el profesor Martín González califica de “primor escultórico”.

San Pedro
San Pablo
En el primer cuerpo se sitúa el Nacimiento de Jesús (lado del Evangelio) en donde la Virgen sujeta al Niño mirando de frente a los espectadores. El buey y la mula se asoman a una ventana junto a otros pastores, uno de los cuales lleva un cordero a hombros, un detalle muy característico de los retablos de Esteban Jordán. En el lado de la Epístola acontece la Dormición de la Virgen, en la que los apóstoles muestran rostros estereotipados muy propios también en este escultor. Ambas cajas están enmarcadas por columnas cortinitas de fuste entorchado y tercio bajo ornado y rematadas por arriba con frontones curvos en cuyo tímpano se alojan dos ángeles rodeados de abundantes frutos que sostienen una tarjeta debajo de la cual hay una cabeza de fauno.

La Adoración de los Pastores
La calle central de esta altura exhibe dos casilleros en forma de arco de medio punto en cuyo interior descansan San Juan Bautista con el cordero en su brazo izquierdo y un santo anónimo. Unas bandas de triglifos y metopas dan paso a unos frontones semicirculares sobre los que se recuestan unas parejas de angelitos a la manera miguelangelesca. La caja rectangular medial es para la Asunción y Coronación de María, que aquí se presentan unidas en una sola narración. La Virgen, que recuerda a la realizada por Gaspar Becerra para de la Catedral de Astorga, está flanqueada por seis ángeles que la ayudan a subir. A la altura de su cabeza están Jesús y Dios Padre en actitud de coronarla. El friso de separación de ambos cuerpos enseña decoración de frutos y trapos colgantes. Cuatro grandes columnas corintias y estriadas compartimentan este primer piso.

Santo sin identificar
San Juan Bautista
Asunción y Coronación de la Virgen
Encima se sitúa una especie de segundo banco ornamentado con figuras de las Virtudes; así, de izquierda a derecha contemplamos la Fe portadora del cáliz, la caridad en el medio y la Esperanza con el ancla. Flanquean a la Caridad dos entablamentos adornados con niños desnudos que parecen empujar a unos carneros.
Ya en el segundo cuerpo, en el lado del Evangelio se encuentra la Epifanía, donde se contraponen los tres Magos a la izquierda y la Sagrada Familia a la derecha, ambos grupos en sentido descendente. Las figuras del primer plano –Melchor, María y el Hijo– exceden tanto el tablero que da la sensación de que fueran a despeñarse. El relieve opuesto es el del Abrazo ante la Puerta Dorada, donde los esposos ocupan todo el centro. Detrás, un pastor con una oveja a hombros, el ángel anunciador del embarazo de Santa Ana y una mujer a la derecha que mira.

La Adoración de los Reyes Magos
El Abrazo ante la Puerta Dorada
En la calle central de este piso se abren tres calles. Las laterales acogen a San Francisco y Santa Catalina encerrados bajo arcos de medio punto. Aquí, en cambio, no hay frontones, como sucedía en el primer cuerpo, y sí unos motivos decorativos consistentes en dos ángeles que sostienen un pequeño medallón con un jarrón dentro, muy similares a los que están tallados en el friso de unión de la predela con el primer cuerpo.

San Francisco
Santa Catalina
El tabernáculo central está dedicado a Jesús entre los Doctores, con personajes labrados de una manera análoga colocados simétricamente al bies y de cuatro en cuatro para dar el protagonismo a Cristo niño. Los relieves de este cuerpo, como apunta Martín González, tienen mayor resalte que los del cuerpo inferior, estando las estatuas del primer plano completamente al exterior de la portada.

Jesús entre los Doctores
El ático, con presencia de muchas imágenes, presenta un carácter triunfal muy propio del Renacimiento. Sobre los estípites centrales el Rey David con el arpa y el profeta Elías y, encima de las esquinas, Adán y Eva. Los cuatro Doctores de la Iglesia (San Agustín, San Jerónimo, San Gregorio Magno y San Ambrosio) se sientan por parejas sobre el remate de las calles laterales. Unos óvalos nos muestran al Ecce Homo y a Cristo con la cruz a cuestas, ambos son obra de Francisco del Rincón. El Calvario se compone, como es normal, del Crucificado, la Virgen y San Juan. Detrás hay cuatro recuadros con ángeles portando los Arma Christi (también obras de Rincón) y, en el tímpano del frontón recto, Dios Padre en su clásica postura de bendecir con la diestra y coger la bola del orbe con la izquierda.

Padre Eterno
Adán
Eva
Ecce Homo y Padres de la Iglesia
Jesús camino del Calvrio y Padres de la Iglesia
El retablo enlaza visual y materialmente por su parte con la armadura de madera dorada y policromada que cubre el presbiterio y con las pinturas murales de los lados. La armadura tiene planta octogonal apoyada sobre trompas en el lado de la nave central. A partir de su núcleo central de mocárabes se suceden radialmente celdas poligonales que contienen bustos, frisos con cabezas de ángeles y paños de ornamentación mudéjar. El arrocabe está concebido como un juego de arquerías de medio punto en el que se disponen figuras de Santos y la Virgen con el Niño. La labra es un poco tosca, pero el efecto deslumbrante procede de la visión de conjunto y de la calidad del dorado y policromía contratados como los del retablo mayor por Francisco Martínez en 1604.

BIBLIOGRAFÍA
  • CASTÁN LANASPA, Javier: Catálogo Monumental de la provincia de Valladolid. Tomo XXI. Antiguo partido judicial de Nava del Rey, Diputación de Valladolid, Valladolid, 2006.
  • MARTÍN JIMENEZ, Carlos Manuel y MARTÍN RUIZ Abelardo: Retablos Escultóricos: renacentistas y clasicistas, Diputación de Valladolid, Valladolid, 2010.

martes, 4 de febrero de 2014

LA OBRA DEL ARQUITECTO MODERNISTA JERÓNIMO ARROYO EN VALLADOLID


En el post de hoy vamos a estudiar la obra que nos dejó en Valladolid el arquitecto palentino Jerónimo Arroyo, uno de los más arquitectos modernistas más importantes de Castilla y León, y también de España.
Jerónimo Arroyo López, nace en la casa nº 50 de la palentina Calle Mayor el 14 de enero de 1871. Era el segundo hijo de Ambrosio Arroyo de la Hera y Julia López Cabeza, un matrimonio de familia acomodada. Comenzó sus estudios de bachiller en 1881 en el Instituto General y Técnico de Palencia, donde obtuvo el título de Grado de Bachiller en 1884, destacando en las asignaturas de Poética y Retórica, y también en la de Lengua Francesa.

En 1885, tras convencer a su padre, ingresa en la Escuela General Preparatoria de Ingenieros y Arquitectos de la Universidad Central de Madrid. En 1892 acababa sus estudios en esta Escuela e ingresaba en la Escuela de Arquitectura de Madrid. Durante los dos años en que permaneció en esta escuela no aprobó ninguna asignatura, debido a que se dejó embriagar por la bohemia madrileña de la época. En 1894, tras suspender todas las asignaturas en sus estudios de arquitectura, pasa a la Escuela Superior de Barcelona. El primer año de carrera (1895) lo compagina con un trabajo de delineante. Finaliza la carrera en 1899, obteniendo el título de arquitecto el 1 de agosto.
En el año en que el Ayuntamiento de Barcelona establece el premio anual de arquitectura, premio que inaugura Gaudí con la Casa Calvet, Arroyo presentó para el proyecto fin de carrera un diseño de Estación Central de Barcelona. El tribunal estaba compuesto, entre otras personas, por Lluis Doménech i Montaner, Francisco de Paula del Villar Lozano (iniciador del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia y director de la Escuela), Casademunt y Bassegoda.
De vuelta a Palencia, el 8 de noviembre de 1899 es nombrado arquitecto provincial aunque ya venía desempeñando este cargo desde el 11 de noviembre de 1898, fecha en que dimite Francisco Reynals y Toledo. Poco después, el 1 de marzo de 1900, es nombrado arquitecto municipal interino, tomando posesión del cargo el día 5 de este mes. En la misma fecha también pasará a ocupar el puesto de arquitecto diocesano que dejaba libre el vallisoletano Juan Agapito y Revilla en febrero de 1900 tras su marcha al Ayuntamiento de Valladolid.

En numerosas ocasiones Arroyo ejercería las funciones de arquitecto del municipio. El Ayuntamiento de Palencia, en virtud de la Real Orden de 1881, conforme a la cual los municipios podían valerse del arquitecto provincial a falta del propio, solicitará a Arroyo que llenase el vacío desde la dimisión de un arquitecto hasta la provisión definitiva de la plaza.
En octubre de 1900, recién casado, el matrimonio realiza su viaje de bodas a París, Roma y Suiza. El viaje, figura siempre inexcusable en la vida de un arquitecto, le brindaba en esta ocasión la oportunidad de testimoniar uno de los momentos más decisivos en la historia del Modernismo: la Exposición Universal de París de 1900. Un París engalanado que enseñaba al mundo la Torre Eiffel (vestigio de la Exposición de 1889), la Galería de Máquinas (destruida en 1910), la gran novedad del Metro (la primera línea Vincennes-Maillot se inauguró el 9 de julio de 1900) con los accesos y pabellones de Guimard, o el recién estrenado restaurante Maxim´s (obra de León Sonnier y Louis Marnez de 1899), estandarte de la Belle Epoque.

Su paso por Barcelona acusó la influencia de las grandes figuras del momento: Gaudí, Doménech i Montaner, Puig i Cadafalch… La Escuela de Barcelona, aunque no exenta de un cierto academicismo, permanecía abierta a influencias extranjeras, enriqueciéndose gracias al constante flujo de intercambios culturales con el resto de países europeos. Esta eclosión artística que envolvió los años universitarios de Arroyo, encaminará indudablemente su quehacer arquitectónico hacia la corriente modernista. La actitud de Arroyo corroborará las palabras de I. de Solá-Morales: “La influencia de Doménech i Montaner como profesor en el modo de proyectar de sus discípulos es tan evidente y comprobable a través de los proyectos que se guardan en la Escuela de Arquitectura, que bien puede hablarse de por lo menos dos generaciones claras y patentemente marcadas por sus enseñanzas”.
Las primeras obras de Arroyo muestran las cualidades estéticas del Art Nouveau. El diseño de las forjas de hierro en los pabellones de la Fábrica de Piedra Artificial, en la casa de Agustín Herrero o en la Granja Experimental Agrícola lleva impreso el movimiento vegetal y la sinuosidad del “coup de fouet”.
El afán de revitalización del gótico y del románico promulgado desde el Modernismo estuvo muy presente en la arquitectura de Arroyo. Emulando la faceta arqueológica que emprendiera Doménech i Montaner, realizando apuntes, estudios y cerca de un millar de placas fotográficas en su viaje al Románico pirenaico, Arroyo también exploró en un decisivo viaje al norte de la provincia el Románico palentino. Multitud de fotografías de templos realizadas por él se constituyeron en claro referente para el diseño de obras neorrománicas: Hospital de San Blas, Hospital Psiquiátrico Provincial, Villa de Ángel Merino en Villafruela. También de la tradición medieval, pero en este caso de los Países Bajos, rescatará otro juego lingüístico, el muro piñón escalonado.
El ansia regeneracionista que provocó el desastre colonial de 1898 desembocó, en el quehacer arquitectónico, en una tendencia de corte tradicionalista, que buscaba en los elementos del plateresco y del barroco la decoración necesaria para los problemas que el momento planteaba. Así, pues, una nueva época se refugiaba en el neo plateresco, buscando la apariencia y seguridad que le proporcionaba uno de los períodos más florecientes de la historia de España, y tomaba como modelo el plateresco salmantino. El Palacio de la Diputación Provincial, la Casa de Correos y Telégrafos de Valladolid, y la reforma que realizara en el Convento de las Agustinas Canónigas, muestran las líneas de un depurado neo plateresco, que Jerónimo Arroyo empleó frecuentemente en sus composiciones.
Sus últimos años profesionales contemplaron la consolidación de la arquitectura del Movimiento Moderno. Arroyo fue desviando su repertorio lingüístico, adecuándose a los nuevos condicionantes de la arquitectura de preguerra, que exigía una mayor frialdad en el empleo del ornato, confiriendo a sus obras la necesaria sobriedad y sencillez. Arroyo fallece en la capital del Carrión el 26 de marzo de 1945.

Entre sus obras más importantes se encuentran el Palacio de la Diputación Provincial de Palencia y el Colegio Villandrando, también en Palencia.
Jerónimo Arroyo fue todo un “hombre del renacimiento”, puesto que a su trabajo como arquitecto habría que sumarle sus facetas como político, periodista y escultor. Arroyo se integró en la clase política de la Restauración y consciente de la posibilidad de este proceso renovador, irá dirigiendo sus pasos en defensa de los intereses palentinos. En la vida política de Jerónimo Arroyo aparecen muchos nombres propios, pero de entre éstos dos son los que cobran más importancia: Abilio Calderón Rojo y Santiago Alba y Bonifáz.
En las elecciones de marzo de 1914, Jerónimo Arroyo se decide a participar en el juego político dentro de las filas del Partido Conservador, liderado por Dato y que tenía a Abilio Calderón, cuñado de Arroyo, como jefe provincial. Calderón ofreció a Arroyo el puesto de candidato a diputado a Cortes por el distrito de Astudillo-Baltanás.
En las elecciones de 1916, Arroyo resultó elegido diputado a Cortes por el distrito de Carrión. De nuevo en las elecciones de 1918, Jerónimo Arroyo salió elegido diputado a Cortes para el distrito de Carrión-Frechilla. En las elecciones de 1919 no logró salir elegido diputado. En las elecciones al Congreso de 1920 no concurrirá, pero en cambio sí se decidió a presentarse como candidato al Senado, resultando elegido Senador del Reino. Jerónimo Arroyo volvió a ser nombrado diputado a Cortes por el distrito de Carrión-Frechilla en las elecciones de 1923.
Tras la caída de Primo de Rivera, Arroyo será concejal del Ayuntamiento de Palencia durante un breve espacio de tiempo. El Ayuntamiento se constituía el 17 de marzo de 1930, criticando Jerónimo Arroyo duramente, el que hubieran quedado excluidas de la Corporación las instituciones obreras. El enfrentamiento con su cuñado Calderón, desatado en 1915, convirtió a los hermanos políticos en enemigos políticos. La gravedad de la deserción política de Arroyo culminó en el abandono del Partido Conservador, y en su proclamación como jefe provincial del Partido Liberal.

IGLESIA DE LA RUBIA (1915)
En 1915 Jerónimo Arroyo proyecta la iglesia de la Rubia. El 29 de julio de aquel año Juan Julián Fernández, contratista de la obra, solicita al Ayuntamiento de Valladolid licencia para la construcción de la iglesia, para lo cual acompaña el proyecto de ésta, firmado en Palencia por Jerónimo Arroyo en julio de 1915. Las fachadas principal y posterior de la iglesia discurren paralelas a la calle Julián Morales (actual Joaquín María Jalón) y Carretera de Rueda. El templo se edificó en los que eran terrenos de Anselmo León (quien los cedió gratuitamente), lindantes con la carretera de Puente Duero.
El Ayuntamiento concedió la licencia de construcción el 23 de agosto de 1915, y, poco después, el 16 de octubre, la Diputación Provincial, propietaria de la carretera lindante con el templo, otorgó el pertinente permiso para su edificación.


La iglesia se inserta en la época en que proliferaron en Valladolid las construcciones religiosas, sobre todo fuera del casco antiguo, en los barrios. Tenemos como ejemplos el Convento de las Siervas de Jesús, el Convento de María Inmaculada, la Iglesia de Nuestra Señora del Pilar y el Colegio de Santa Teresa de Jesús. El barrio de “La Rubia”, integrado entonces por doscientos vecinos, pertenecía a la parroquia de San Ildefonso, distante unos tres kilómetros del barrio. Esta considerable distancia, que dificultaba la práctica de los preceptos religiosos, junto al crecimiento que experimentaba la zona, determinó la construcción del templo.

Esta pequeña iglesia de estilo neogótico se desarrolla sobre una planta rectangular de 12 metros de anchura, disponiéndose nueve contrafuertes a lo largo de los laterales. Presenta una cubierta de tejado a dos aguas, alcanzando la iglesia una altura de 22,30 m. Dos grandes arcos ojivales, con tres arquivoltas, en la fachada principal dan acceso a un pórtico donde está ubicada la puerta de entrada. Lateralmente se accede a este pórtico por idénticos arcos. Un rosetón de cinco metros de diámetro (el rosetón se construyó con dimensiones más reducidas, aunque en el proyecto se reflejaba esta medida) se disponía en la fachada principal, roto inferiormente por un gablete, que no enmarca las puertas, como en muchas otras construcciones góticas, sino una hornacina cerrada con arco de medio punto en la que se ubica la imagen de la Virgen. El hastial se presenta escalonado, hasta el campanario, formado éste por dos arcos ojivales. Sobre el campanario, una balaustrada con diagonales, decora el citado campanario rematado por una cruz. El mismo diseño que en la balaustrada aparece en dos pequeños ventanales. Aquí hay también diferencias con el proyecto original: en los planos de Arroyo tan solo figura el remate superior. En los laterales se disponen nueve contrafuertes entre los que se disponen ocho vidrieras típicamente góticas, alojadas en grandes ventanales formados por dos arcos apuntados y un rosetón cuadrifolio.

En el testero hay también tres botareles. Esta fachada tiene una concepción muy sencilla. Solamente un pequeño rosetón aparece en el hastial, permaneciendo el resto del paramento completamente “limpio” de cualquier tipo de adorno. Todo el paramento exterior presenta un enfoscado imitando sillería.
Aunque las intervenciones de Arroyo como arquitecto diocesano brindan grandes ejemplos de arquitectura religiosa en múltiples facetas: capillas, asilos, conventos, etc., esta obra y la iglesia de Alar son las únicas iglesias de nueva planta que levanta.


CASA DE CORREOS Y TELÉGRAFOS (1916-1922)
Durante la etapa como ministro de Gobernación de Santiago Alba se impulsará la construcción de Casas de Correos y Telégrafos en varias capitales que carecían de adecuadas instalaciones para este servicio. El 7 de marzo de 1913, el Ayuntamiento de Valladolid cedía al estado el solar sobre el que debería construirse el nuevo edificio.
En el libro de Casimiro González García-Valladolid Guía General, publicado en Valladolid en 1922, se cita la cesión de los terrenos por parte del Ayuntamiento al Gobierno: “En 1913, el Ayuntamiento cedió al Gobierno, para construir sobre ellos un edificio con destino a oficinas de Correos y Telégrafos, los solares que resultaron del derribo de las antiguas casas-posadas del Ángel, de la Cruz y de las Ánimas, contiguas a la iglesia de Jesús, en la Plaza de la Rinconada”.
El 17 de abril de 1915 una comisión formada por Alba, Silió, Royo Villanova y Vallejo visitaba en Madrid al entonces director General de Comunicaciones Sr. Orduño para solucionar la problemática que presentaba el solar del futuro edificio, pues éste tenía 954 m2, no alcanzando por tanto los 1.000 m2 que exigía la ley.

Al concurso, que había convocado el Ministerio de Gobernación para el Proyecto de Casa de Correos en Valladolid, se presentaron ocho arquitectos con sus respectivos anteproyectos, entregando sus trabajos en noviembre de 1915. El 5 de enero de 1916 el Director General de Comunicaciones notificaba el fallo del jurado, el cual estimó que los mejores trabajos eran el de Jerónimo Arroyo y el de Luis Ferrero y Tomás, considerando la fusión de los dos anteproyectos como la mejor solución, pues éstos tenían muchos puntos en común.: “dada la gran analogía que existe en la disposición de las plantas y distribución de sus respectivos anteproyectos de Casa para Correos y Telégrafos en Valladolid, elegidos por el Jurado y al haber adoptado también para el desarrollo de las fachadas e interiores el arte español llamado plateresco, lo que permitiría fácilmente fusionar en uno los elementos de los dos, se les conceda que en lugar de presentar cada uno su proyecto formulen uno solo firmado por ambos y adaptando lo mejor que cada cual de aquéllos contenga”.
El gobierno de Dato caerá a finales de 1915, volviendo Alba a desempeñar la cartera de Gobernación, quien dictaría la Real Orden aprobando el proyecto de Casa de Correos y Telégrafos para Valladolid presentado por Jerónimo Arroyo y Luis Ferrero. La subasta de las obras se celebró el 1 de julio de 1916, adjudicándosele al contratista vallisoletano Mariano Tranque. El acta de replanteo de la obra se levantó el 11 de octubre de 1916. La nueva Casa de Correos fue inaugurada el 4 de febrero de 1922.

Palacio de Correos y Telecomunicaciones en 1928
El edificio se ciñe a la alineación de un solar altamente irregular. Éste se presentaba como un cuadrilátero de lados desiguales, al que el proyecto achaflanó una de sus esquinas, para situar en él la entrada principal. De esta manera, el edificio presenta la planta de un pentágono, con tres lados a la Plaza de la Rinconada, y otros dos a la calle del Caballo de Troya y a la Prolongación de la calle del Poniente.
La Casa de Correos consta de sótano y tres pisos. En el sótano se dispusieron los servicios de orden interior, tales como negociados de distribución, servicio de cartería, embalaje de sacas, etc. En la planta baja se encuentran las dependencias relacionadas con el público: oficinas de recepción de telegramas, cabinas telefónicas, oficina de Giro Postal, oficina de Caja de Ahorros, certificados, etc. Los despachos de dirección, del administrador, del secretario y de los jefes de servicio se situaban en el piso principal. El segundo piso estaba destinado a viviendas.

En planta, el edificio se articula en torno a un gran hall de lados paralelos a las fachadas del edificio. La entrada principal da acceso a este amplio hall de doble altura, cubierto con un gran lucernario. Un pasaje previsto para la entrada de carruajes, que discurre de la fachada de la calle del Caballo de Troya a la de la calle del Poniente, separa las oficinas postales y Aduanas del resto de las dependencias. Desde este pasaje también se accede a la escalera, que llega hasta las viviendas del segundo piso. Tres buzones se sitúan en el exterior del edificio, bajo un porche, en la esquina de la plaza de la Rinconada y prolongación de la calle del Poniente. Dos escaleras de un solo tramo curvo, que dan acceso al piso principal, se sitúan en el vestíbulo, entre la puerta principal y el gran hall.
En la construcción del edificio se empleó piedra berroqueña o granito en los zócalos de fachada, en los zócalos del paso piedra de Campaspero, piedra de Hontoria de la Cantera en elementos decorativos, y piedra artificial de la Fábrica de Arroyo.
En fachada, el piso principal y la planta baja aparecen unificados. Una arquería de arcos de medio punto con sencilla clave se dispone en el piso principal. En cada módulo el arco de medio punto recoge el ventanal de la planta baja que aparece adintelado. Estos ventanales presentan unas impresionantes rejerías platerescas, que contribuyen a manifestar el lujo del edificio. Dando acceso al porche de la esquina aparecen dos arcos de medio punto, uno en cada fachada.

Sobre cada uno de los arcos del piso principal, aparece en el segundo piso un arco de medio punto, de dimensiones más reducidas. En este nivel desaparece el revoco para mostrar el ladrillo. Los arcos de tres roscas de ladrillo se disponen sencillamente, enlazándose entre ellos con una cornisa de cuatro hiladas de ladrillo que une la línea de impostas. En los entrepaños aparecen azulejos cerámicos mostrando motivos decorativos con dibujos florales y escudos.
Los tres frontones que aparecen en el núcleo de la fachada principal rompen las ventanas del segundo piso. Bajo estos frontones y enmarcados por pilastras se sitúan tres arcos de medio punto, cuyos ventanales iluminan el vestíbulo de entrada y las escaleras de acceso a las oficinas del piso principal.
Una torre de clara inspiración neoplateresca, se yergue sobre el eje de la puerta principal, presentando en el alzado a Plaza de la Rinconada tres vanos y remate de pináculos y greca. Las trazas neoplaterescas y renacentistas se advierten en toda la composición del edificio. Así aparecen multitud de elementos del lenguaje clásico, tales como frontones, claves, pináculos, pilastras… Una balaustrada con dibujos de greca recorre todo el perímetro del edificio, rematando la composición de esta obra.
En la actualidad el edificio presenta grandes cambios con respecto a su primera concepción. La torre y la decorada balaustrada desaparecieron para construir un piso más. González Delgado afirma correctamente que este hecho fue una “irreverente actuación de la postguerra que destrozó en gran parte el espíritu de esta elegante e importante obra”.

LA “CASA DEL PRÍNCIPE” (1906)
La “Casa del Príncipe” es uno de los más bellos e importantes logros modernistas de la ciudad. Situada en la actual Acera de Recoletos nº 11 esquina a calle Colmenares, fue mandada levantar en 1906 por Eladio Fernández de Laza, quien deseaba construir en ese solar un edificio destinado a casa de alquiler y a locales comerciales. El expediente de esta obra contiene tres hermosos planos. Se refieren a plantas, secciones y alzados. Están presentados e negativo y constituyen un magnífico ejemplo de delineación. Los planos fueron realizados en Palencia en abril de 1906, siendo aprobados por el arquitecto municipal vallisoletano, Juan Agapito y Revilla el día 21 de ese mismo mes.

La obra presenta un claro paralelismo con la realizada en 1905 por el que fuera su profesor en Barcelona, Lluis Doménech i Montaner, la premiada casa A. Lleó-Morera (Barcelona, Paseo de Gracia nº 35). El solar sobre el que se asentó la casa es un cuadrilátero cuya superficie total mide 625,93 m2 destinándose a patio y chaflán 127,38 m2, quedando la superficie abierta reducida a 498,55 m2. El edificio dispone de sótano –sólo en la primera crujía–, planta baja y cuatro pisos. Las alturas de los pisos son las siguientes: planta baja 6 m., planta principal 3,85 m., planta segunda 4 m., planta tercera 3,60 m., planta cuarta 4 m., y terrado 1,50 m.
El edificio posee un constante ritmo ondulante, conseguido por el remate de la cornisa, por los balcones de línea curva y por la integración del elemento circular en rotonda que suaviza la esquina, situándose en planta baja el portal de entrada bajo la rotonda. Es en la esquina donde se sitúa el centro compositivo y eje del edificio.

Esta obra se muestra decididamente próxima a las influencias del modernismo catalán: elegantes líneas estilizadas, formas sinuosas, motivos florales, tallos que se retuercen…, aparecen profusamente en toda la composición, tanto en piedra artificial como en hierro. El hierro es utilizado buscando esa delicada sensación de movimiento vegetal, en los pilares de fundición con capiteles vegetales, en la forja de los balcones… A modo de marquesina enlazando la rotonda con el portal de entrada, aparece este material con motivos florales y líneas curvas, fingiendo sujetarla.
La parte baja de la casa se destina a comercio. Para obtener una mejor visibilidad en los escaparates, se han introducido pilares de hierro fundado. La puerta se sitúa muy oportunamente en la esquina a ambas calles, circunstancia frecuente en la arquitectura del momento. El suelo del portal se decora con un mosaico de la época (arte muy cultivado por el modernismo), y en él figuran las iniciales E. F., que corresponden al nombre y apellido del promotor, y a la fecha de 1908.

Sobre este portal monta un torreón volado, semicilíndrico. Los antepechos se adornan con guirnaldas obtenidas en hormigón, y presentan huecos amplísimos, cerrados con cristalería. El torreón, verdadero ejemplo de elegancia y ligereza, finge sostenerse sobre repisas de hierro, de finísima motivación botánica. Remata en airosa cúpula. Diríase un modernismo de esencia rococó. La rotonda incorpora en cada nivel los mismos dinteles que en el resto de los huecos. Juego que ayuda a mostrarnos la idea orgánica de la rotonda como volumen enfatizado y focalizador y, a la vez, perfectamente integrado en el esquema compositivo global.

El último piso se distingue del tratamiento de los otros niveles, ayudando a manifestarse como remate o coronamiento. En este nivel, los balcones son de forja de hierro y se interrumpe la continuidad del módulo de miradores para pasar a ser un balcón, excepto en la rotonda. En estos aparece un ventanal en forma de arco túmido, elemento que encontramos en la obra de muchos arquitectos modernistas: Romeu Ribot, Doménech i Montaner, Paul Cauchie, P. Hankar, Gustave Strauven… Los dinteles, en piedra artificial, dejan de ser meros arquitrabes o arcos rebajados, como en los anteriores niveles, y se muestran con un fresco aire gótico, retorcidos con formas florales, que recuerdan al neogótico de Joseph Puig i Cadafalch, sobre todo, en la Casa Macaya (1899-1901, Barcelona, Paseo Sant Joan nº 106).

A cada calle presenta la casa otros miradores, con estructura de hormigón y caprichosos temas botánicos. Los antepechos se completan con red metálica con trama de rombo, muy usada en el modernismo. El arquitecto ha combinado adecuadamente el color: piedra en el cuerpo bajo, piedra artificial, hormigón blanqueado, y ladrillo prensado, de color rojo. La cornisa se inflexiona con curvas y contracurvas, a la manera rococó.

OTRAS OBRAS REALIZADAS EN VALLADOLID
  • En 1908 pide licencia al Ayuntamiento vallisoletano para colocar una portada de madera en la farmacia de Pedro de la Rosa, en la calle Miguel Íscar, nº 3.
  • En 1912 realiza una reforma de los bajos del Edificio de Telefónica de Valladolid. C/ de la Constitución nº 9.
  • En 1914 el presidente de la Sociedad Protectora del Obrero, Narciso de la Cuesta, le manda hacer unas reformas en el Frontón Fiesta Alegre, el cual pertenecía, por entonces, a dicha asociación. Este mismo año, el presidente de la Sociedad “Círculo de Recreo”, Ricardo Vera Rodríguez, para revocar y decorar la planta baja del edificio sito en calle Duque de la Victoria, arquitecto: Jerónimo Arroyo
  • Entre 1918-1924 realiza un barrio obrero junto con Fernando de Unamuno.
  • En 1926 lleva a cabo la ampliación del edificio de la “Electra Popular Vallisoletana”. Ese mismo año realiza una casa para José Alonso Rodríguez en la C/ Muro.
  • En 1940 Arroyo solicita licencia, que le fue denegada, para la adquisición de unos terrenos con el fin de instalar una estación de servicio para vehículos de tracción mecánica entre la calle del Hospital Militar, paseo de España (actual paseo Arco de Ladrillo) y las cocheras del tranvía.
  • Realiza el taller de montaje para los Ferrocarriles del Norte.
  • Obras de reforma del Hotel del Siglo (Hotel Inglaterra).

BIBLIOGRAFÍA
  • GONZÁLEZ DELGADO, José Antonio: Jerónimo Arroyo López: arquitecto, Editora del Carrión, Palencia, 1999.
  • MARTÍN GONZÁLEZ, Juan José: Catálogo Monumental de la provincia de Valladolid. Tomo XIII. Monumentos civiles de la ciudad de Valladolid, Diputación de Valladolid, Valladolid, 1983.